Joan Tapia
Periodista
Cuando el PSC escribe a Ernest Maragall para reconvenirle por romper la disciplina de voto, se equivoca. Puede ser la preocupación del secretario de organización, pero el problema prioritario del PSC no es el hermano del expresident sino el estado de convalecencia hospitalaria en el que se encuentra el partido. El PSC, como el PSOE, está mal porque gran parte de la opinión sigue culpando de la crisis a Zapatero. El PSC también sufre (no el PSOE ni, al parecer, tampoco Carme Chacón) porque la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut tiende a legitimar la creencia de que la vía estatutaria está agotada. El proyecto de una Catalunya libre y autónoma en una España plural es, tras la sentencia, mas difícil de defender. Máxime tras la incapacidad del president Montilla (cedió el testigo a Òmnium) de encabezar la respuesta catalana. Pero el PSC también ha perdido las elecciones autonómicas, las municipales y las legislativas a los siete años de haber accedido al súmmum (la presidencia de la Generalitat) por no haber logrado -o sabido- mandar. Cuando se ocupa el poder pero no se dirige ni moral ni materialmente el país, la sanción electoral es lógica. Y las derrotas han sumido al partido en el desánimo y el desconcierto.
Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 04 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En el último congreso, el PSC se dio una nueva dirección. Lo positivo es que el nuevo secretario general es un político competente, rodado en el nivel de la gestión municipal, que conoce bien el partido y que, cauteloso, conoce la dificultad de la tarea y no cree en los milagros. No es diputado, lo que le resta visibilidad y quita coherencia al grupo parlamentario, y no va sobrado de punch, pero estudia a fondo los dosieres. Y sobre el pacto fiscal ha fijado una posición coherente. El PSC debe estar a la cabeza de la demanda de una mejor financiación de Catalunya. Eso fue el pacto Castells (con el apoyo de ERC y no de CiU), pero luego Madrid lo ha incumplido en parte. No solo por la «deslealtad» que denuncia Castells, sino también por la crisis fiscal española. Por eso ahora es obligado blindar el sistema con una agencia consorciada (que ya preveía el Estatut) y el máximo poder fiscal compatible con la Constitución, ya que reformarla abriría otro melón. Es un proyecto ambicioso, nada fácil con un Gobierno del PP y con un PSOE reticente, pero posible.
Por el contrario, el PSC no puede asumir el pacto fiscal / concierto que propone CiU. Porque es inviable (constitucional y políticamente). Porque nadie pide algo inviable si no es para ir a un escenario de confrontación, pernicioso dado que -lo dice Mas-Colell- hoy el Estado español es el único banco que le queda a Catalunya. Y, añado, no conviene desestabilizarlo más de lo que ya está. Y detrás de la petición de algo inviable puede haber una operación de gimnasia preelectoral o independentista que no interesa a los socialistas.
Es una posición justa y coherente, pero no fácil. Porque vivimos tiempos de tribulación y porque el simplismo (la culpa es de Madrid) siempre vende. Por cierta ventaja mediática del independentismo light y porque CDC es (lo ha sido siempre) una máquina bien engrasada con tendencia a creer que encarna a Catalunya y aficionada a lanzar sospechas de dudosa catalanidad hacia quienes legítimamente no comparten sus ideas.
Por eso el PSC debería defender la posición sin complejos. Sí a un fuerte paso en la mejora del sistema de financiación (y su blindaje), pero no al concierto fiscal y a la independencia económica. Pero la rotundidad no es fácil en un partido convaleciente y al que sus errores en la etapa de gobierno han llevado a una situación de indigencia mediática. La intervención de la diputada y portavoz económica, Rocío Martínez Sempere, muy medida, fue en la buena dirección. Pero luego… hay políticos del PSC a los que les tiemblan las piernas cuando hay que plantar cara a CDC y hay otros que se enredan en malas polémicas. Es incoherente que el PSC cambie de portavoz a mitad del debate, a no ser para mantener los equilibrios (o carencias) internas. Es absurdo que el líder parlamentario del PSC trate al president Mas con una deferencia que este nunca tuvo (cuando dirigía la oposición) con los presidentes Maragall y Montilla. Y tampoco se ha acertado con Ernest Maragall. Cuestionar la libertad de voto de un diputado en un caso sonado es antipático, antiliberal y pone el foco del debate donde no debe estar. El diputado Maragall defiende una posición propia. Vale. Es estúpido que el PSC se enrede ahí y no dedique sus esfuerzos a fijar con claridad y rotundidad la suya (aprobada internamente por práctica unanimidad).
El 'president' Mas es inteligente, pragmático y hábil. Fue elegido con la abstención del PSC, ha gobernado toda la legislatura con el apoyo del PPC y dice mirar el futuro de Catalunya en comunión espiritual con ERC. ¡Chapeau! Pero este contorsionismo -con indudable rentabilidad interna en Catalu-nya- es estéril en Madrid y a la larga es contraproducente. Ya se vio cuando Mas pactó nocturnamente el texto final del Estatut con Zapatero apartando a Duran de la foto, ninguneando al PSC (que quedó en estado parapléjico) y humillando e irritando a ERC. Quizá fue un golpe político magistral, pero ni el Estatut ni Catalu-nya ganaron nada. Periodista.