Imagino que saben que las idas y venidas de Rajoy con el rescate de la banca española a cuenta del aval del reino han sido objeto de mofa de la prensa internacional. Y que han pillado a contrapié a lo más granado del carajillo party (Abc. La Razón, La Gaceta), que se ha retratado a conciencia desde que el viernes el Gobierno rechazara el rescate y la teleconferencia, hasta que el sábado lo pidiera Guindos y el domingo Rajoy se colgara la medalla por el rescate que intentó evitar hasta el final.
Información publicada en la página 14 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 12 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
A diferencia de estos tres diarios, que ayer cerraban filas con la declaración de Rajoy negando que la ayuda de la UE fuera un rescate, el editorial de El Mundo -y hasta Federico Jiménez Losantos- sostenía que estábamos ante un rescate en toda regla y que no cabían «la satisfacción» ni «el triunfalismo». En una onda más nítida emitía José Antonio Zarzalejos (Elconfidencial.com): Rajoy dribla la realidad y se cobija en la jactancia de un Gobierno provinciano. Y Santos Juliá (El País), que denunciaba «la virguería» de Rajoy de «suprimir de un plumazo toda la realidad» que no le sirve para «embaucar» y «embellecer» el rescate. O Soledad Gallego-Díaz, que criticaba que «no hay nada de normal» en una oscura petición de rescate de Rajoy «que supone un daño para el sistema democrático y un desprecio para los ciudadanos, un insoportable tufo a despotismo que este país no se merece».
Claro que siempre cabe olvidarse del rescate e instar a poner fin «al actual dislate autonómico encabezado por una Catalunya en quiebra». Lo hacía César Vidal (La Razón), que el jueves sostenía que lo del déficit fiscal era una trampa saducea, que «Catalunya recibe 4.015 millones de más», para advertir: «El nacionalismo catalán está jugando con fuego (...) y corre un grave riesgo, el de que el resto de España decida expulsar de su seno a una Catalunya que no es la que siempre ha amado entrañablemente sino la que ha construido, con odio y rapacidad, el nacionalismo».XAVIER CAMPRECIÓS