Tras el fracaso del pacto fiscal, Artur Mas convocará elecciones anticipadas. No tendrá nada de sorprendente porque el guion estaba escrito de antemano: ir a Madrid exigiendo el concierto económico aunque con otro nombre, negativa de Mariano Rajoy, y llamada a las urnas para que los catalanes se agrupen en torno a la figura del president. En realidad, llamarle pacto al concierto ha sido la primera trampa del lenguaje de CiU. La segunda argucia es el propio calendario: la revisión del modelo de financiación no toca, como mínimo, hasta el 2013. Y, sin embargo, en Catalunya llevamos casi dos años hablando a diario de este asunto como si no hubiera nada más. Gran cortina de humo, pues, la que ha creado la federación nacionalista para excusar sus políticas de recortes, su apoyo a las contrarreformas sociales y laborales del PP, la dinámica privatizadora de muchos servicios públicos o la eliminación del impuesto de sucesiones a los más ricos, amén de correr un tupido velo ante ciertas sospechas de corrupción y financiación ilegal muy graves que afectan a CDC (el robo del Palau o el escándalo de Oriol Pujol con las ITV).
Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 01 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Todo esto no significa que la demanda de una mejor financiación de la Generalitat no sea justa, en la línea que han expresado casi todos los partidos catalanes, que se resume en: defensa de la ordinalidad tras el ejercicio de la solidaridad territorial. Sobre esa base, había margen político para intentar que el nuevo modelo diera un salto hacia un diseño claramente federal. Pero es evidente que Mas no perseguía el pacto sino la confrontación, de lo contrario hubiera preferido tener dentro del acuerdo por lo menos al PSC en lugar de a ERC. La jugada le ha salido perfecta, porque ICV no tuvo el coraje de desmarcarse aprovechando la negativa de CiU a incluir el pacto social en el acuerdo. Los ecosocialistas no quieren perder por ese flanco ni un solo voto, y sortean así la acusación que a veces les lanzan los republicanos de no ser una izquierda auténticamente nacional.
¿Va a tener éxito Mas en esta estrategia? Sí a corto plazo. En el terreno electoral, no hay duda de que CiU revalidaría hoy una clara mayoría, ganando cuatro años de tranquilidad, mientras muchos gobiernos europeos caen por la crisis. La coyuntura catalana le es favorable. Por un lado, Alicia Sánchez-Camacho no repetirá los buenos resultados que obtuvo en el 2010, pues todas las encuestas detectan una fuerte caída de los populares por la acción del Gobierno de Rajoy. Por otro, los socialistas siguen en una posición delicada. Aunque Pere Navarro ha logrado mantener un discurso sólido en el debate sobre el pacto fiscal, no ha podido desarrollar plenamente su estrategia porque un sector minoritario pero destacado de su partido y del propio grupo parlamentario ha acabado interiorizando la lógica nacionalista o carece de voluntad para plantar cara al soberanismo por temor a que le tachen de españolista. Puede que las primarias, si el adelanto electoral no impide su celebración, resuelvan el dilema entre los que subrayan el sí menor que dio el PSC a la resolución aprobada en el Parlament y los que defienden un no mayor a la estrategia política de Mas. Hasta que no sean capaces de pensar a largo plazo, los socialistas no saldrán de este atolladero.
La duda es hasta qué punto CiU no está siendo ya desbordada por un independentismo que, afirma, tiene prisa y que ha captado perfectamente que todo este sainete es un estadio preparatorio para lograr la secesión. Por eso, desde el 25 de julio la pregunta clave es: ¿con qué programa concurrirá la coalición nacionalista a las próximas elecciones? No me cabe duda de que el recurso al pacto fiscal va a seguir siendo una mina de votos: apunten que Duran Lleida argumentará que todavía hay otra oportunidad para negociar con Rajoy si CiU lograse un gran triunfo. Ahora bien, una parte del electorado convergente querrá algo más, de lo contrario puede sucumbir ante otras ofertas soberanistas más contundentes.
¿Se atreverá CiU a plantear una propuesta clara e inequívoca sobre la celebración de una consulta? ¿Concurrirá con un programa secesionista suficientemente explícito para luego argumentar que se ha producido un choque de legitimidades entre el marco jurídico español y la voluntad del electorado? Creo que escucharemos a grandes trompetistas elevar los acordes a favor del Estado propio, pero la letra del programa seguirá siendo de una calculada ambigüedad en los compromisos.
¿Por qué doy por tan seguro que las elecciones están al caer en Catalunya, a principios del 2013? Primero, porque CiU no querrá atarse demasiado tiempo a una ERC que no le ofrece garantías de votar más recortes y que desea empujarla en el camino de la radicalización. Segundo, porque el rescate financiero de la Generalitat la deja sin un discurso creíble a medio plazo. Y, sobre todo, porque los nacionalistas esperan recoger pronto los beneficios electorales de una operación que les ha salido redonda. Redonda, claro, excepto en lo fundamental para los catalanes: mejorar la financiación de la Generalitat. Historiador.