Juancho Dumall
Director Adjunto
Puede parecer una exageración, una calentura de verano o un ejercicio de política-ficción plantear la posibilidad de que haya elecciones anticipadas en España cuando solo hace ocho meses que acudimos a las urnas (20 de noviembre del 2011) y el partido ganador, el PP, obtuvo una clara mayoría absoluta. El grupo parlamentario popular no ha dado ninguna señal de división interna, lo que quiere decir que el soporte del Gabinete de Rajoy está plenamente garantizado en el Congreso. Y, sin embargo, proliferan los analistas que auguran un abrupto final de la legislatura y un no menos áspero remate de la gestión del actual jefe del Gobierno.
Información publicada en la página 68 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 19 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Hay quien reclama nuevas elecciones por la sencilla razón de que el PP se presentó el año pasado con un programa diametralmente opuesto al que ha terminado aplicando (véase al respecto el ilustrativo trabajo que hoy publicamos). Pero el detonante de un nuevo proceso electoral sería el rescate del conjunto de la economía española por la UE, el FMI y el BCE. Es decir, el tránsito de la intervención light de ahora a una intervención hard como consecuencia de que los mercados financieros estarían cerrados para España y las administraciones no podrían siquiera pagar las nóminas.
Recetas de la troika
¿Puede un presidente seguir sentado en la Moncloa en tales circunstancias? ¿Puede presidir, sin pasar antes por las urnas, un Consejo de Ministros cuya misión sería aplicar las durísimas recetas cocinadas por la troika? ¿Puede flotar sobre la inmensa ola de descontento que provocaría esa situación, constatación de que los sacrificios actuales no solo no nos han aliviado, sino que nos habrían llevado al abismo?
El discurso de que no hay alternativa al ajuste presentado la semana pasada puede servir para capear el temporal unos meses, pero resulta insostenible a medio plazo. Y atención, porque un proceso electoral en medio de una intervención/recesión alumbraría un mapa político muy diferente al que hasta hace poco nos parecía tan consolidado.