Antón Losada
Profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Santiago de Compostela
Mientras el ausente Mariano Rajoy y sus asesores se devanan los sesos buscando la manera de culpar a José Luis Rodríguez Zapatero por el Waterloo que el Partido Popular padece en Valencia, el sufrido Alfredo Pérez Rubalcaba se rompe la cabeza intentando decidir si saca los colmillos o un beso y una flor.
Información publicada en la página 9 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 23 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Rajoy busca y necesita a alguien a quién echarle la culpa de todo. Funcionó en la oposición y no entiende por qué demonios no va a resultar en el Gobierno. El problema es que los culpables ya no le duran. La crisis se los come en unas pocas horas. Rubalcaba necesita despejar la ecuación entre ser el líder de la oposición agresivo que acabe de tumbar a un Gobierno tambaleante, o conducirse como un portavoz político responsable que dé aire a un Gobierno noqueado. Admitámoslo. No resulta una tarea fácil. Ni usted ni yo sabemos muy bien cómo debería conducirse Rubalcaba porque tampoco tenemos del todo claro qué queremos que haga. Por un lado, nos gustaría que fuera duro y pusiese firme a este presidente que nunca está allí. Pero cuando lo hace, nos da por pensar que a lo mejor el país no está para semejantes escaramuzas y necesitamos más unidad. Cuando opta por ofrecer acuerdos y tiende la mano, entonces suele darnos cierto mosqueo y muchos lo convierten en una prueba de su carencia de alternativa y de que haría lo mismo si estuviese en la Moncloa.
«Compórtate como si estuvieras en el Gobierno», filtran que le han aconsejado algunos exdestacados del socialismo. Una recomendación tan sonora y redonda, como inútil e indescifrable. Suena bien, pero no vale absolutamente para nada. Rubalcaba intenta equilibrar a partes iguales dureza y diálogo para resolver su ecuación. Pero la equidistancia solo funciona cuando vas ganando y llevas ventaja. Si vas perdiendo, resulta inútil. Cuando vas por detrás, conviene decidirse. O una cosa, o la otra.