El Frente Nacional vuelve a hacer historia y es la tercera fuerza más votada en la primera vuelta de las presidenciales francesas. Casi un 20% de los electores han optado por la política ultraderechista de Marine Le Pen. Nos llevamos las manos a la cabeza, sobre todo cuando Sarkozy intenta captar esos votos para ganar en la segunda vuelta. Nos parece impensable un resultado similar en España. Por otra parte, es llamativo que en un país más moderno que este, tradicionalmente democrático, republicano y cuna de revoluciones, exista la ultraderecha y aquí no. ¿Cómo es posible?
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 28 de abril de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Hemos tenido ministros que fueron del Opus Dei o la Legión de Cristo. Los Mossos arrestan a dos delegados sindicales de Seat en la planta de Martorell. El comisario David Piqué ha comparado con ratas a los manifestantes que considera violentos. Se prohíben las acampadas de los indignados. Y en un gesto demagógico, la ministra Ana Mato deja sin tarjeta sanitaria a los inmigrantes irregulares, ratificando la tendencia xenófoba que desvelaron Sánchez-Camacho y García Albiol en campaña.
El conseller Francesc Xavier Mena y el secretario general de Empresa i Ocupació, Enric Colet, dicen que corresponde a los jóvenes sacarnos de la crisis («no son especies protegidas») y que deberían crear empresas en vez de protestar. Sugieren que vayan a servir cafés a Londres para aprender inglés.
Eufemismos como conservador, liberal o progresista ocultan al lobo bajo la suave piel de unos partidos que insisten en llamarse de centro. Así, nunca es para tanto y la denuncia siempre resulta exagerada; se desacredita, se ningunea. Las elecciones francesas hacen saltar las alarmas y sus ciudadanos actuarán en consecuencia. Por lo menos ellos saben quién es quién, qué lugar ocupa y dónde está la ultraderecha.