Josep Maria Espinàs
Periodista y escritor
He visto en la televisión unas imágenes sobre la obesidad infantil. Hombres obesos y mujeres obesas ha habido siempre. Pero me parece recordar que cuando yo era adolescente era una rareza ver a algún joven que fuera notoriamente gordo. Entre los 62 compañeros de mi curso de bachillerato no recuerdo que hubiera ninguno. Ahora, la obesidad es un fenómeno que se ha extendido bastante, y preocupa especialmente a los expertos que el proceso se inicie a edades cada vez más tempranas. Una obesidad de todo el cuerpo, por decirlo así, no la típica barriga que aparece a menudo a cierta edad por la distensión muscular. En un artículo publicado en este diario, Eva Peruga escribe: «La obesidad infantil en Estados Unidos ya no escandaliza a nadie. El problema se instala en España y otros países mediterráneos a partir del momento en que las mujeres salen de la cocina -y del circuito general de alimentos- y los hombres no entran». En el artículo también se recoge la opinión de Francesc Vila, director sociosanitario de la Fundació Cassià Just, que da una explicación un poco misteriosa, para mí, pero muy sugestiva: «La esfera oral es fundamental en todas las relaciones primeras con los otros. El sentido de la vida pasa por la boca». Además de reconocer la importancia de lo que comemos y de cómo lo comemos, la frase «el sentido de la vida pasa por la boca» me ha hecho pensar que por la boca no solo pasan los alimentos. También las palabras. Las palabras que expresan nuestras ideas, nuestros sentimientos.
Información publicada en la página 10 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 22 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Curiosa parte del cuerpo, la boca, que sirve al mismo tiempo para asegurar nuestro crecimiento físico, corporal, y nuestro crecimiento social. La significación que damos a la vida, nuestra facultad de opinar, de discutir, de crearnos amigos o adversarios, se manifiesta a través de las palabras que pronunciamos. La primera definición de boca es «apertura por la cual un animal incorpora los alimentos». Es exacto. Pero la boca también es un instrumento de comunicación. Hay quien quiere inutilizarla ordenando «¡Cierra la boca!»
«Cuando el hombre abre la boca se juzga él mismo», escribió Emerson. Podríamos decir que si lo que nos entra por la boca nos alimenta, lo que sale -las palabras- nos define. Nos autorretrata. Y puestos a citar, me parece justo que al rey Alfonso le llamen el Sabio. Porque dijo: «Así como el cántaro roto se conoce por el sonido que hace, el pensamiento del hombre es conocido por la palabra».