A sus 70 años, era la alumna de más edad en su curso de la Biciescola del Bicicleta Club de Catalunya. Detrás de este dato estadístico se oculta una extraordinaria historia de búsqueda de la libertad.
Información publicada en la página 72 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 04 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-¿Por qué le dio por la bici a estas alturas de la vida?
-Tenía la frustración de la bici desde la infancia y no quería morirme sin probarlo. Cuando por fin me vi pedaleando sentí lo mismo que a los 5 años, cuando me di cuenta de que podía leer. Aprender es como romper una cadena, es una sensación que no creí que pudiera volver a experimentar a los 70 años.
-¿Qué siente cuando va en bici?
-A estos cursos de bici para adultos los llaman Moviment Enlaira't y es exactamente esto. Es como volar, como fundirte con el paisaje. Esta sensación de libertad y el haber conseguido algo de lo que no me creía capaz me han enganchado a la bici.
-¿Después de los 70 años sigue buscando la libertad?
-Yo siempre he corrido detrás de la libertad, de lo que no te ata. No he sido obediente, he hecho lo que querido y no he dejado que me pusieran cadenas.
-¿A qué cadenas se refiere?
-En mi época lo que más te esclavizaba como mujer era montar una familia y, por eso, dije que no al matrimonio, a los hijos y al marujeo.
-¿Cuándo se dio cuenta de que no quería esa vida para usted?
-A los 7 años. Era la pequeña de tres hermanas y, aunque éramos una familia republicana y avanzada, nuestra educación era muy victoriana. Un día llegó de visita una parienta de Argentina, Nuria Seras, hija del fundador del Casal Català de Buenos aires. Viajaba sola y hablaba de política y ella me descubrió que ser mujer no era solo casarse, parir y quedarse en casa haciendo la comida.
-Un descubrimiento precoz en una España oscura y atrasada.
-Cuando cumplí 17 años mi mejor amigo me regaló El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, un libro prohibido que se convirtió en mi Biblia y que me salvó en más de un sentido.
-¿Más allá de lo intelectual?
-Es solo una anécdota. Un día salimos a pasear con una amiga por la noche. A finales de los años 50 estaba mal visto que las mujeres salieran solas a esas horas y un tío empezó a meterse con nosotras. Como no llevaba otra cosa, empecé a golpearle en la cabeza con el libro. La tapa quedó destrozada.
-La Beauvoir estaría orgullosa.
-Yo era muy inquieta, quería estudiar y en Barcelona estaba todo muerto, así que a los 23 años me fui a París a estudiar Psicología.
-¿Encontró en París las respuestas a sus inquietudes?
-Allí me sentí como pez en el agua. Vivía en el barrio latino y al poco tiempo de llegar estalló el Mayo del 68. Estábamos convencidos de que íbamos a cambiar el mundo. Tenía una pareja de Costa de Marfil y cuando veníamos a Barcelona a visitar a mis padres me insultaban por la calle, me llamaban puta por ir con un negro.
-En los años 70, entre París y España había un abismo.
-Tuve la oportunidad de estudiar en la universidad experimental de Vincennes que salió del Mayo del 68 y allí había un movimiento feminista superradical que quería destruir el patriarcado, acabar con las jerarquías y los roles tradicionales de mujeres y hombres. Entré en contacto con el Grupo de Lesbianas Feministas y durante 10 años tuve una pareja que era mujer. Aquello fue más difícil de aceptar por mi entorno que salir con un hombre negro.
-¿Que le queda del Mayo del 68?
-Mucho pesar, decepción, una gran sensación de fracaso por el mundo que les dejamos a los más jóvenes. Es cierto que se consiguieron progresos como el aborto y la contracepción, pero no se logró cambiar la sociedad y el poder volvió a recuperar casi todo el terreno que había perdido. Fue uno de los motivos que me llevó a huir de París e instalarme en un pueblecito aislado del Pirineo francés, donde viví hasta hace pocos años, cuando volví a Barcelona para cuidar a mi madre. Hacía muchos años que no hablaba del Mayo del 68. Tenía esta historia muy enterrada hasta que usted vino a preguntarme sobre la bicicleta.
-Es verdad. Se me había olvidado lo de la bicicleta. ¿Hay alguna otra cosa que tenga ganas de hacer?
-Siempre tengo prisa por hacer cosas y ahora que estoy en el último tramo de la vida, más. Lo siguiente es aprender a ir en kayak, que es la bicicleta del mar.