El consejo de administración de Bankia, que preside José Ignacio Goirigolzarri, cifró ayer en 23.465 millones de euros las necesidades de capital del banco. De esa cantidad, el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) ya le ha aportado 4.405 millones; quedan, por tanto, otros 19.000 millones. Se trata del mayor agujero de la historia de la banca española, del que se va a hacer cargo el Estado. Esos 19.000 millones superan en un 20% la cantidad que, según los cálculos del Gobierno, iba a reclamar el conjunto de la banca española para cumplir los requisitos de la última reforma financiera, que nuevamente parece haber quedado desbordada.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 26 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Es verdad que se trata del problema de un banco en particular que tiene sus activos sobrevalorados, empezando por la propia Bankia, cuyo valor de mercado supone apenas el 10% del precio al que está consignado en los libros de la matriz, el BFA. Pero su tamaño es tan importante que ha contagiado a todo el sistema financiero español. A estas alturas es muy difícil que desde fuera de nuestras fronteras alguien pueda distinguir entre una y otra entidad. El Gobierno ha hecho dos reformas financieras en lo que va de año y ha apelado a firmas privadas para que se encarguen de las labores de supervisión, lo que ha expandido el descrédito a los reguladores institucionales. Ahora viene Bankia y cuenta que su agujero es nada menos como el 2% del PIB español.
Va a ser muy difícil que España pueda aportar por sí sola todos los recursos que necesitan sus bancos para recapitalizarse y disipar la desconfianza. Y aunque el Gobierno no reclamará dinero europeo porque eso podría suponer una intervención, no es descartable que se busquen fórmulas indirectas para que al final sea así. Mientras tanto, la creación de un banco público donde se integren todos los nacionalizados -Bankia, CatalunyaCaixa, Nova Caixa Galicia y el Banco de Valencia- resulta tan inevitable como arriesgada. No tiene vuelta de hoja, porque a las dificultades que ya arrastraban se añaden nuevas exigencias de provisiones que los ponen en la picota. Y tiene el peligro de que la única vía de salvación sea una dieta drástica que las adelgace hasta dejarlas apetecibles -e irreconocibles-para un comprador exigente.