Era un jueves de chirimiri en Bilbao. Hacía unos días que se rumoreaba que el esperado comunicado en el que ETA anunciaría el cese definitivo de la violencia iba a ser inminente.
Última concentración de la coordinadora Gesto por la Paz, el pasado febrero en Bilbao. EFE / MIGUEL TOÑA
Última concentración de la coordinadora Gesto por la Paz, el pasado febrero en Bilbao. EFE / MIGUEL TOÑA
Información publicada en la página 324 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 18 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Euskadi andaba revuelto esos días por la polémica desatada por la entrevista que el presidente de los socialistas vascos, Jesús Eguiguren, concedió a este diario criticando al lendakari: «Debería haberse achicharrado por la paz», dijo. Ese jueves de octubre y cielo gris en Bilbao, Eguiguren se citó en un restaurante del monte Artxanda con la periodista María Antonia Iglesias, Pello Rubio, el dueño del caserío Txillarre donde se gestó la anterior tregua de ETA, y la que escribe.
La buena tertulia y el chuletón alargaron la sobremesa. Y en esas uno de los comensales aseguró que la BBC emitiría el vídeo del comunicado a las siete en punto de esa tarde. Ninguno se arriesgó a pronosticar qué iba a anunciar la siempre imprevisible banda terrorista. Dudaron entre seguir pegados a la televisión del restaurante o bajar el monte hasta Bilbao. A las siete en punto, el coche de los ertzaintzas que acompañaban a Eguiguren estacionó frente la casa de un buen amigo, en la plaza de Jado. La locutora de Radio Euskadi, tras los pitidos de las siete en punto, relató con voz emocionada: «ETA acaba de anunciar el cese definitivo de la violencia». Eguiguren, el representante del Gobierno en la última negociación con ETA, se dirigió a sus escoltas y les soltó: «Se acabó». Subió al piso, puso Euskal Telebista y escuchó al etarra David Pla confirmar que se acabó junto a las también encapuchadas Izaskun Lesaka e Iratxe Sorzábal.
LLAMADAS. Telefoneó a su mujer, Rafaela Romero, a sus hijas, a su hijo ertzaintza. Le llamó Patxi López, Alfredo Pérez Rubalcaba, José Luis Rodríguez Zapatero y Pello Rubio, Solo descolgó a los periodistas Jimi Guerra y Jordi Évole. No podía reir, ni llorar, ni estar contento. Más que nunca le atormentó la ausencia de los amigos que ETA le arrebató de un tiro, y la de los que no conocía pero cuya muerte sintió con el mismo dolor. Leyó el comunicado en la web del Gara y se rompió: «¿Y todo por este papel? Tantas muertes, tanto dolor, para esto...». Y un odio acumulado y desconocido se desbordó. Y sintió un frío y una soledad que hoy perduran. Dentro de muchos años, cuando se escriba con distancia de ETA se le dará a Eguiguren el papel que merece y que ahora se le niega. El final de 43 años de terror que Eguiguren ya ve mucho más tranquilo, pero desde la barrera.