Si Arias Cañete reabría la guerra de los trasvases y Wert la de los toros, De Guindos -en quien José María Izquierdo, El ojo izquierdo (elpais.com) solo ve al exbanquero de Lehman Brothers transmutado en ministro de los Mercados- introducía las hipotecas en la reforma financiera: ajuste draconiano de la banca, abaratamiento de la sobrevalorada vivienda y restauración de crédito que hoy se hurta. Claro que nadie en España del rango de Mario Monti, primer ministro de Italia y ex-Goldman Sachs, ha dicho aún lo que él: que los jóvenes (italianos) se olviden del empleo fijo, que no habrá, y además es monótono. A algo parecido se atrevió la alcaldesa Botella: según Antonio Lucas (El Mundo), «ha propuesto el voluntariado como remedio paliativo al desempleo y a la escasa voluntad (o la impotencia) de crear puestos de trabajo. Hay que ser muy unicelular para salir al balcón a dar un bando así en un corral de más de cinco millones de parados. Lo que que la dama consistorial propone es currar sin remuneración. (...) Este desfalco económico y moral está haciendo crecer el cielo de los pobres».
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 04 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La prensa madrileña, con todo, andaba más ocupada en los planes ministeriales y en cómo se le tuerce al cazalla party la cacería de Garzón para solaz de las víctimas del franquismo que la democracia aun no ha resarcido en la búsqueda de sus desaparecidos. Lo decía el editorial de El País: «Quienes le han sentado en el banquillo por considerar un atentado al honor de aquel régimen abrir un procedimiento penal sobre sus crímenes han dado ocasión a airearlos por primera vez ante un tribunal de justicia y no solo en los libros». Y lo certificaba Federico Jiménez Losantos (El Mundo): «Solo la complicidad de ciertos jueces puede explicar el número montado por Garzón llevando al estrado como testigos de su causa a octogenarias enlutadas contando cómo perdieron a sus padres en la guerra». XAVIER CAMPRECIÓS