No hay nada como una estadística para confirmar lo que ya sabíamos. Y no hay nada como una encuesta para apuntalar los cimientos de una estadística. El instituto nacional de la cosa en cuestión, de la estadística, quiero decir, ha rehecho los parámetros para calcular el índice de precios al consumo. En la cesta de la compra, cada cinco años, se añaden productos o se excluyen, en función del uso que de ellos hace la gente, para que el cálculo sea lo más ajustado posible a la realidad de cada día, a las necesidades e inquietudes del ciudadano. En la revisión de ahora hay evidencias que certifican la muerte (o el estado catatónico) de muchos sectores. Por ejemplo, los CD vírgenes, para grabar documentos o canciones. Ya no están. Tampoco figuran las tiendas de alquiler de películas. En cambio, aparecen las tabletas, esta mezcla de ordenador y juguete, y los discos duros externos. Ninguna sorpresa. Lo que sí me tiene maravillado es la introducción, en el cómputo estadístico, de los servicios de depilación avanzados, los de láser y fotodepilación. Al parecer, el negocio es próspero, y el personal considera que tener una piel sin vestigios de pelo es una prioridad. Y no por los métodos tradicionales, sino a través de técnicas más sofisticadas. Es fantástico: el mundo se hunde a nuestro alrededor y nos cuesta vislumbrar un futuro, pero resulta que queremos llegar allí, sea como sea, en perfecto estado de revista.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 21 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)