Josep Maria Espinàs
Periodista y escritor
Aveces molesta mucho que interrumpan a alguien cuando está hablando. Es cierto que en algunos casos una explicación se hace larguísima, o pesada, o absolutamente innecesaria. No sé quién inventó la expresión hablar como una cotorra, y no he tenido tratos con cotorras o loros. Recuerdo que mi cuñado Nèstor tuvo un loro, que a veces se paseaba fuera de la jaula y decía algunas palabras que le habían enseñado.
Información publicada en la página 12 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 03 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Mi ignorancia sobre esas aves es absoluta, aunque sí conozco, como he dicho, la expresión hablar como una cotorra, que significa hablar mucho y a menudo repitiendo lo mismo. Supongo que ha caído en desuso, como tantas otras frases populares. Ahora queda más claro si se dice que alguien habla como una ametralladora. Los intercambios de correos electrónicos también ametrallan; se disparan continuamente mensajes. Aunque, a diferencia de la comunicación oral, estos mensajes no pueden ser interrumpidos.
En la conversación cara a cara también hay charlatanes continuos, ametralladores. Empalman las frases prácticamente sin respirar, y quien los oye no encuentra el momento de cortar, de hacerse un hueco para decir algo. Hasta que, por fin, consigue hacer una interrupción. Las interrupciones tienen un gran valor, pese a que de pequeños nos enseñaron que interrumpir es una falta de educación. Hay que matizar esto; hay impertinentes que no dejan terminar lo que quiere decir el otro, pero en una conversación o en una tertulia las interrupciones pueden ser positivas. ¡Cuántas ideas u opiniones no se han podido manifestar por culpa del charlatán empedernido! Sí, hay interrupciones inoportunas, pero admitirlas en una dosis adecuada es una manera de evitar la dictadura del monólogo.
Según mi modesta experiencia, hay interrupciones que ayudan a corregir el rumbo de una conversación que derivaba hacia el caos. Es un recurso para volver a centrar el tema de la discusión. Un recurso que tiene el valor de la inmediatez. Si la información que recibimos no es oral, ya sea cara a cara o por teléfono, sino por correo electrónico, no podemos interrumpir a quien nos habla. Necesitamos más tiempo para enviar otro correo para desmentir, precisar o aclarar lo que se nos ha dicho. El mensaje es rápido, pero el juego de opinión y contraopinión es lento.
Gracias a los interruptores que tenemos en casa, podemos iluminar inmediatamente lo que está oscuro o no vemos claro.