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Pequeño observatorio

El cura que no tenía 'papeles'

Jueves, 17 de mayo del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Josep Maria Espinàs Periodista y escritor

El caso no es frecuente: un joven ecuatoriano ha estado ejerciendo de cura en Sevilla, durante cinco años, sin haber sido ordenado. El descubrimiento del engaño ha provocado estupefacción, porque este hombre era ejemplar para todos los fieles. Cumplía su supuesto deber con una perfección absoluta: en bautizos, en bodas, en comuniones, en extremaunciones y, naturalmente, a la hora de decir misa. ¿Se ha sentido estafado, el pueblo creyente? ¿Se han indignado por la suplantación? Parece que no. Al contrario. Los devotos aseguran que era un ejemplo de caridad, de devoción, de atención a todas las necesidades de la parroquia. Hay quien ha dicho: «Ojalá todos los curas fueran como él». Se ha tardado cinco años en descubrirse el engaño, y no sé por qué motivos. También ha habido médicos, y otros profesionales, que en realidad no lo eran y que, durante un tiempo, a veces bastante largo, han actuado de manera que pacientes o clientes han tenido siempre una plena confianza en ellos. Muchos de estos profesionales han trabajado protegidos por un título falso colgado en la pared del despacho. Supongo que el falso sacerdote había hecho estudios muy completos de los rituales sacerdotales. Quizá incluso conocía las fórmulas del latín eclesiástico, pues, al parecer, su intrusismo fue descubierto por la falta de determinados papeles -no constaba su ordenación como sacerdote- y no porque no cumpliera perfectamente como cura. Los fieles estaban contentísimos, y alguien ha llegado a decir: «Era mejor que un cura de verdad». Lo que me intriga más es que las confesiones que él dispensó no sean consideradas válidas por el Arzobispado. ¿No tiene ningún valor que un cristiano reconozca que ha cometido unos determinados pecados, que haga una confesión y acepte una penitencia por su conducta? ¿Solo vale el arrepentimiento expresado ante una persona autorizada? El falso cura tranquilizó conciencias, exhortó a los fieles a que cumplieran los mandamientos de Dios, recomendó amor y piedad, el respeto al prójimo. Los vecinos de la parroquia salían del confesionario y de la misa moralmente fortalecidos.

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Información publicada en la página 10 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 17 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Como es sabido, la Iglesia lamenta la falta de vocaciones sacerdotales. La vocación de este curioso personaje para atender las necesidades espirituales de los fieles parece evidente. Este intruso, que mira por dónde se llamaba Ángel, ha pedido perdón y ha desaparecido. Era un cura sin papeles. Los fieles de la parroquia obrera están tristes. El consuelo y la fraternidad que recibían del intruso no era de papel.

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