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El desenlace español

Cuatro requisitos

Las bases del salto de España en 30 años eran débiles y la crisis económica las ha debilitado más

Viernes, 20 de julio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Xavier Bru de Sala Escritor

Tendremos que mirar atrás, solo un poco atrás, para intentar establecer qué ha fallado, cómo es que España está con el agua hasta el cuello y es casi unánime, entre los entendidos de aquí y de fuera, la previsión de que no mucho más allá de finales del verano el país será intervenido. Tan bien que íbamos y el desastre nos esperaba escondido en uno de los árboles de aquel magnífico bosque.

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Información publicada en la página 9 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 20 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

¿Qué ha fallado? En primer lugar, la política. En segundo, los poderes económicos. En tercer lugar, el sistema de comunicación. En último pero no en postrer lugar, la cultura. La política, que se dedicó a acumular poder y más poder en pocas manos en vez de esparcirlo y repartirlo entre las diversas instituciones, como mandan los manuales elementales de la democracia. Los poderes económicos, que se emborracharon, empezando por los chupitos de los pelotazos, prosiguiendo por la extorsión de las familias mediante unos recibos carísimos para construir las multinacionales, y acabando por la obra pública cada vez más faraónica y la construcción privada desbocada.

LOS MEDIOS DE Madrid, que se inventaron una realidad edulcorada y entusiasta en versión casi única. La cultura, que abandonó, debilitó o simuló su función crítica para columpiarse en el negocio de la vacuidad, demasiado a menudo en el plato de un PSOE al servicio de los valores y las ideas erróneas que nos han llevado hasta aquí.

Es cierto que la economía mundial propició la burbuja hispánica. Sin embargo, la responsabilidad se encontraba y se encuentra en el interior. Es cierto que la ideología neoliberal de la desregulación favorecía la hegemonía del egoísmo acumulativo. Es cierto que el maná descontrolado de los fondos estructurales y de cohesión y el crédito baratísimo fueron ingredientes imprescindibles.

Pero el nefasto cóctail resultante es made in Spain. Las personas pueden tener mala suerte, los países, no. Mientras España se engañaba pensando que iba bien, otros países del mismo entorno asentaban o consolidaban sus economías, sin abdicar de sus principios. Claro que en España, tener principios estaba y aún está mal visto.

A pesar de lo dicho hasta aquí, sería injusto verter una imagen demasiado negativa de la realidad española. España creció mucho y de manera sostenida, se transformó, superó el atraso del franquismo, se incorporó a la modernidad y a las instituciones europeas, cambió de tamaño, se internacionalizó y se expandió. Despertaba admiración y era un ejemplo. El salto de escala en 30 años pasará a la historia. España es menos que Italia pero mucho más que Grecia, Portugal o Irlanda. El problema es que las bases de este salto eran débiles y se han debilitado más, mucho más, cuando los vientos han comenzado a soplar en contra. Las estrategias de futuro, las actitudes, el modelo de crecimiento, la imagen que tenía de sí misma, eran en buena parte -y se han revelado- erróneos.

La situación que padecemos no es pues coyuntural, circunstancial, sino estructural. Europa puede ayudar más o menos, puede exigir más o menos recortes, pero para salir del túnel no será suficiente con ayudas exteriores. A estas alturas de la crisis y a la vista de lo ocurrido en Grecia y otros países, deberíamos saber que los sacrificios sin estímulos generan una espiral negativa. Hacen falta reformas profundas, un cambio general de modelo. Establecer nuevas bases para el bienestar. Como sabemos todos los catalanes y recuerda Krugman, la producción y las exportaciones españolas son insuficientes.

La economía española no tiene ni busca motores de sustitución, una vez el ladrillo recula en caída libre. Si España se encuentra como se encuentra, y con perspectivas de empeorar seriamente, no es solo fruto de los errores y las dilaciones a la hora de diagnosticar y afrontar la crisis, aunque son de envergadura y llegan hasta hoy mismo. Es sobre todo como consecuencia de unos decenios de crecimiento sobre bases no homologables con los países líderes.

ES PROBABLE que, en las apreciaciones sobre los cuatro déficits de fondo de España, se detecte algún error de perspectiva por mi parte. Si no es de mucho calado, habrá que concluir, aunque sea de manera provisional y tentativa, que para dejar atrás la crisis no basta con medidas económicas ni con nuevos y más dolorosos sacrificios, por imprescindibles o impuestos que sean.

Tampoco basta con esperar más ayudas europeas o un cambio de ciclo económico general. Se necesitan reformas en profundidad en los cuatro ámbitos de la vida pública. Reforma de la política en primer lugar. Nuevas bases para el crecimiento económico. Pluralismo y reformismo en el debate público. Una cultura que se ocupe de la sociedad, la oriente y le infunda un imaginario plausible de futuro.

¿Basta con estos cuatro requisitos? Se requiere además un cambio general de mentalidad. Una nueva ética del trabajo, de la austeridad y de la solidaridad. ¡Uf!

Escritor.

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