El Periódico

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Jordi Évole

Periodista

Cuando nos reíamos de Mariano y Pedro

@jordievole

Ojo con los hombres de los que nos burlamos porque en un país de orgullosos se pueden acabar convirtiendo en héroes

Cuando nos reíamos de Mariano y Pedro

AFP / POOL

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, en la Moncloa, antes de la reunión que mantuvieron el pasado miércoles.

Domingo, 7 de mayo del 2017 - 16:39 CEST

¿Se acuerdan de cuando nos reíamos de Rajoy? Aquel candidato elegido a dedo por Aznar, que superó al mismísimo Rodrigo Rato, el del milagro económico español. Qué risa cuando nos enteramos de que el elegido era Rajoy. Ha sido el único candidato que viniendo su partido de ganar unas elecciones por mayoría absoluta (año 2000), perdió las siguientes (año 2004). Y también las siguientes, y eso que su contrincante –Zapatero- había negociado con ETA y había permitido la reforma del Estatut de Catalunya, las dos criptonitas que podía utilizar la derecha española contra un candidato socialista. Ni así ganaba Rajoy.

De él se reían hasta en su partido; tanto, que Esperanza Aguirre intentó su primer asalto al gran poder. Qué risas se echaban periodistas madrileños que aupaban la candidatura de Esperanza pensando que Rajoy era un cadáver político.

De pocos políticos nos hemos reído tanto como de Rajoy. Y ahí sigue, moviéndose como pocos en el alambre. O sin moverse.

De Rajoy nos hemos reído hasta cuando ganaba. "Es el vecino el que elige el alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde" o "¿Y la Europea?". Qué risa Rajoy, ¿eh? El que se presentaba a las elecciones del 20D de 2015 teniéndose que enfrentar a la nueva política. El que iba a ser desalojado del poder porque nadie quería pactar con él. El que volvió a presentarse a las elecciones del 26J de 2016 y mejoró resultados.

Qué risa Rajoy, ¿verdad? Que solo una semana después de otra oleada de casos de corrupción que afectaban a su partido, saca adelante los presupuestos gracias a los votos de Ciudadanos y el PNV, dos partidos que no irían juntos ni al palco del Bernabéu.

Qué risa Rajoy, que hasta consigue que su vicepresidenta tenga ya un álbum de fotos con Junqueras, supuestamente el ogro catalán que puede acabar rompiendo España. (Por cierto, ¿qué dirían las portadas de algunos periódicos si la izquierda pactase unos presupuestos con el PNV y además se retratase con el líder de ERC? ¿Estaría España al borde del cataclismo, no?)

De pocos políticos nos hemos reído tanto como de Rajoy. Y ahí sigue, moviéndose como pocos en el alambre. O sin moverse. O mirando hacia otro lado. Pero tiene una amenaza. Otro hombre del que nos hemos reído casi tanto –o más- que de Rajoy: Pedro Sánchez. Aquel desconocido que en pocos meses se convirtió en secretario general del PSOE gracias a Susana Díaz, que tenía miedo de Edu Madina.

Pedro Sánchez, el tío sin carisma, de cartón piedra, que llevó al PSOE a sus peores resultados electorales. El político defenestrado cruelmente por sus propios compañeros. Y han sido justamente esos que quisieron matarlo los que le han dado fuerza a un candidato que parecía noqueado. Le han regalado un tesoro: le han regalado el relato. David contra Goliat. El Ave Fénix que renace de sus cenizas. Los enemigos de Sánchez han creado un mito.

Ojo con los hombres de los que nos reímos, de los que nos burlamos. En un país de orgullosos, se pueden acabar convirtiendo en héroes.     

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