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Antonio Franco

Periodista

Cuando te lo dicen

Al diagnosticarte un cáncer deduces inmediatamente que además de cuidar de ti deberás cuidar de una forma especial a los que te rodean

Cuando te lo dicen

JULIO CARBO

Un laboratorio del Institut d'Investigació Biomèdica de Bellvitge. 

Viernes, 3 de febrero del 2017 - 14:47 CET

Un día te dicen que lo tienes. La palabra cáncer en nuestra cultura profunda es sinónimo de que te vas a morir pronto. Por eso, más allá de una inmensa consternación interior la mayoría no sabemos qué cara poner ante la noticia, especialmente si la recibes acompañado. Luego te dicen (y si no eres un pesimista nato te lo dices a ti mismo) que no, que la condena segura era antes, que hay posibilidades, que ya veremos. Pero esos alivios pesan menos que nuestra cultura profunda.

Cuando te lo dicen, muchos hacen una reflexión instantánea sobre si debes ser o no transparente, entonces y a partir de entonces. Es una decisión personal, intransferible y secreta pero poco firme: aunque optes por serlo, siempre habrá cierta diferencia maquilladora entre lo que pasas y lo que dices que te pasa. Porque cuando te lo dicen deduces inmediatamente que además de cuidar de ti deberás cuidar de una forma especial a los que te rodean. Eso ya me lo anticipó hace seis años un amigo que luego se fue.

A VECES LO SUFREN MÁS LOS OTROS

Aunque te digan «tienes un cáncer», enseguida lo traduces por «tenemos un cáncer», en primera persona del plural. El bicho también ataca a todo el círculo de los que te quieren, especialmente tu pareja, tus hijos y tus hermanos de sangre o del corazón. Y descubres que también a algunos más. Tú pones el cuerpo para que lo trasteen en las operaciones, para que le enchufen quimioterapia, para que protagonice las degradaciones, pero el dolor es intenso y compartido. Tanto, que a veces lo sufren más otros: casi todos tenemos cerca gente más sensible o más pesimista o más indefensa que uno mismo. No deja de tener su lógica: todo lo importante de la vida es colectivo y compartido, y el cáncer que llevas dentro forma parte de la vida.

No voy a referirme ni al miedo, ni al coraje, ni al factor suerte. En esos parámetros cada historia es distinta en función de circunstancias variables y frecuentemente muy injustas. Pero para intentar aceptar lo que te pasa valen las estratagemas. En esa línea, no omitiré que a algunos les ha ayudado haber elaborado una pequeña lista: la lista de quienes uno no aceptaría bajo ningún concepto que lo que le pasa al cuerpo propio lo tuviesen que sufrir ellos.

DERECHO DE TODOS A SALVARSE

La ciencia (es decir, muchas personas buenas) combate y palía cada vez con más eficacia el cáncer. Pero quizá no tendremos el dinero necesario para ese futuro anunciado en el que uno de cada dos hombres y una de cada tres mujeres lo tendrán. Por eso es estúpido no entender que para conseguir una sanidad pública suficiente y accesible para todos hay que apoyar fórmulas de organización social más solidarias que las actuales. Sería monstruoso un ¡sálvese quien pueda! en vez de garantizar el derecho de todos a salvarse.

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