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Los jueves, economía

Es el crédito, estúpido

El endeudamiento privado español es el responsable de los problemas de las finanzas públicas

Jueves, 4 de octubre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
JOSEP OLIVER ALONSO

Hay acuerdo unánime en que los Presupuestos para el 2013 son los más severos de la democracia. La reducción de casi el 6% en el gasto corriente del Estado, sus organismos autónomos y la Seguridad Social, la notable caída de las inversión pública (hasta el 0,96% del PIB, un 14,8% menos que en el 2012) y el leve descenso previsto en los ingresos pese a la subida del IVA y otras modificaciones fiscales así lo confirman.

LEONARD BEARD

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Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 04 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Coincido con la valoración general acerca de la dureza de estos Presupuestos. Y también sobre las tensiones adicionales que se van a originar en las pensiones una vez los procesos electorales del País Vasco y Galicia hayan finalizado. Todo apunta a que se avanzará el retraso de la jubilación a los 67 años, se incrementará la edad para la jubilación anticipada, se instaurarán mayores penalizaciones por año no cotizado y se redefinirá el IPC aplicable a la revalorización de pensiones. Como pueden ver, una nueva vuelta de tuerca.

Ahora bien, no comparto la visión de quienes generalizan sobre el 2013 y sitúan las políticas de austeridad en el centro del debate de todo lo que nos ocurre. Es cierto que, hasta hoy, la narrativa dominante de la crisis y sus soluciones, tanto la dominante en el centro y el sur de Europa como en los países anglosajones, avala este enfoque. Desde Alemania y los países del norte se acusa al sur de exceso de gasto público. Aunque en el diagnóstico alemán de los males de España están muy presentes los desequilibrios del sector privado. Pero esto es algo que se tiende a olvidar, mientras que se enfatiza su crítica a la falta de rigor en el control de los desequilibrios públicos.

Los países anglosajones y sus medios de comunicación, muy preocupados por sus propias carencias y demandando oxígeno a Europa, se han instalado en el confortable sillón de señalar a la austeridad en el euro como la responsable de sus problemas. E insisten en que las dificultades en curso desaparecerían con políticas fiscales expansivas. Incluso se acusa a Alemania de confundir moral con economía: es una extendida opinión en esos ámbitos que la insistencia de Merkel tiene un inconfundible tufo a penitencia calvinista. Y desde el sur se abraza acríticamente esta visión anglosajona: el consenso dominante es que otro gallo nos cantaría si no fuera por la obsesión en la austeridad del norte.

Sin excluir los efectos depresivos de las políticas de consolidación fiscal, que los tiene, esta narrativa tiene la virtud de absolvernos de toda culpa y desenfoca nuestro verdadero problema. Veamos algunas cifras para situar mejor la cuestión. ¿Qué ha pasado con los impuestos estatales? Pues que entre el 2007 y el 2012 han acumulado una espectacular caída del 19,3% (desde 254.400 a 205.400 millones). ¿Y qué han hecho los gastos? Pues lo que se sabe: explosión de los de desempleo e intereses, aumento en pensiones (del 26,8%) y, además, ayudas al sistema financiero (que alcanzarán, una vez se hayan asumido los 40.000 millones de recapitalización, más del 6% del PIB). Es este efecto tijera, entre aumento de gastos y colapso de los ingresos, el que explica la brutal alza de la deuda pública, ya que el mismo fenómeno tiene lugar en las finanzas de ayuntamientos y autonomías. Así, la deuda pública total, que se situaba entre las más bajas de los países avanzados en el 2007 (35% del PIB), acabará el 2012 cerca del 90%, y continuará los próximos dos años su imparable alza hasta coquetear con el 100%. ¿Es eso austeridad? ¿De qué austeridad hablamos si hemos añadido unos 500.000 millones a la deuda hasta situarla en 900.000 a finales del 2012?

Si no es la austeridad lo que nos está matando, ¿cuál es la causa última de nuestros males? Dos son los principales problemas que afrontamos. El primero, la desconfianza sobre el euro. Cuando usted habla cada día de que quizá se abandone la moneda única, no puede sorprenderse de que empresas y hogares pospongan sus decisiones de gasto. El segundo, que esta es una crisis crediticia, nos guste o no. Por más que reformemos el sector financiero, por más que se lo recapitalice, siempre emerge que España está sobreendeudada y que el excesivo apalancamiento al inicio de la crisis (una deuda privada en torno al 300% del PIB) solo ha iniciado modestamente su reducción.

Para muestra, un botón: si el crédito al sector privado en España se situara en el mismo porcentaje que nuestra aportación al PIB de la eurozona (más del 16% frente a escasamente el 11,8%), el monto vivo de dicho crédito debería reducirse en casi un tercio, es decir, la friolera de 500.000 millones (desde los 1,8 a los 1,3 billones). Esta es una crisis bancaria y crediticia, a la que se ha sumado a continuación el colapso de las finanzas públicas, algo inevitable por la respuesta privada a ese exceso de deuda. Habrá que convivir con ello. Catedrático de Economía Aplicada (UAB).

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