El economista jefe del dólar, Paul Krugman, puso la palabra maldita en circulación el domingo: «Habrá corralito en España e Italia tras la salida de Grecia del euro, el mes que viene». Corralito quiere decir ir al banco y que no te den el dinero que tienes en la cuenta. O que no te lo den en «euros» sino en una especie de «pesetas nuevas» con un cambio a precio de saldo. La barbaridad es tan grande que parece impropia de un premio Nobel. Las consecuencias para España y para el conjunto de Europa convertirían lo que hemos vivido hasta ahora de esta crisis en un simple aperitivo.
Información publicada en la página 68 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 15 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Razonamiento nublado
Pero la chispa de Krugman prendió en el fuego de las tertulias a pie de calle y en las redes sociales. ¿Hay que sacar el dinero del banco? Es la pregunta repetida una y otra vez como si alguien supiera la que se avecina. Y lo mejor es que algunos ven la posibilidad de salir del euro como un «respiro», será porque no se imaginan lo que significaría en pérdida de riqueza y de capacidad adquisitiva. Y no hablo de riqueza como opulencia sino como supervivencia.
La asfixia de esta crisis nos nubla demasiado a menudo el razonamiento. Más que nunca es el momento de pensar y de buscar la clarividencia que no nos llegará de la mano de ningún gurú ni de buscar culpables ni tan siquiera de la autoinculpación. Algunos prefieren señalar culpables muy lejanos en lugar de entender la responsabilidad de los errores que no se puede medir en términos exclusivamente económicos. A las víctimas les ha de servir simplemente para no repetir y a los verdugos para que no les dejemos mandar más.
La salida de este atolladero no vendrá del corralito sino de la capacidad de poner en valor las energías de este país. De dejarnos de sandeces y de arrinconar a los sinvergüenzas. La disyuntiva no es entre «corralito e intervención» como señala Krugman sino entre salir por el propio pie o ser rescatados. Eso es lo que deberíamos debatir en lugar de deslumbrarnos con Islandia, Grecia o Argentina.