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Gente corriente

Un héroe de nuestro tiempo. Camarero, brasileño, fue el valiente que salvó vidas en el incendio de su edificio.

«Cogí aire y entré, la agarré por los pies y la arrastré fuera»

Viernes, 4 de mayo del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
MAURICIO BERNAL

-Empecemos. Cuénteme qué ocurrió. Eso fue el miércoles, ¿no?

JULIO CARBÓ

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Información publicada en la página 80 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 04 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

-El miércoles, sí... Es decir, noche de martes, madrugada de miércoles. El día 25. Pues lo que ocurrió es que yo estaba durmiendo, era como la una de la mañana, y entonces vino mi mujer a despertarme. '¡Hay humo, hay humo, está saliendo humo!', gritaba. Yo salí al balcón y vi humo, humo por todas partes, claro, porque el incendio era abajo, justo en el piso de abajo. Fui a la cocina y también estaba todo lleno de humo, así que le grité a mi mujer: '¡Coge al niño!' Salimos del piso y tocamos en la puerta de enfrente. Los dejé a los dos ahí y bajé con el vecino a ver qué pasaba.

-Lo de mantenerse lejos del fuego ni se le pasó por la cabeza, veo.

-¡Cómo me iba a quedar yo arriba! Yo conozco a la señora de abajo, Conchita, una mujer mayor, tiene 85 años... Cómo me iba a quedar arriba. No. Pero fue sin pensar. Simplemente bajé a mirar qué estaba pasando.

-Entiendo. Bajó. ¿Y?

-Bajé y vi que por los bordes de la puerta salía humo. Poco, pero salía. Ya todo el edificio estaba despierto y había gente muy nerviosa, alguno que pensaba que habría que escapar por las ventanas. Yo me acerqué todo lo que pude y oí que alguien golpeaba la puerta por dentro, Conchita, la golpeaba y gritaba: 'Socorro', no me acuerdo bien. Creo que intentaba abrir, pero por la oscuridad no veía nada. No lo sé. No he podido hablar con ella. Ahora está en la uci.

-Usted estaría en pijama, ¿no?

-Más o menos. Estaba descalzo, con un chándal y sin nada encima. No había tenido tiempo de vestirme.

-Claro. Sígame contando.

-Sí. Junto a la puerta estábamos otro vecino y yo. Yo le grité a Conchita: '¡Apártate, que vamos a tumbar la puerta!', y entonces el vecino le dio dos patadas. Pero la puerta ni se movió. Entonces yo subí un par o tres de escalones y me agarré de la barra de las escaleras; cogí impulso y le di una patada. A la primera crujió, y a la segunda se partió. Yo no sé de dónde saqué la fuerza, pero supongo que fue de saber que la señora estaba adentro. El caso es que enseguida la escalera se llenó de humo, yo me tragué un montón y tuve que vomitar. Después volví a acercarme a la puerta, por el suelo, arrastrándome, para no tragar humo, y vi a Conchita que estaba tirada. Inconsciente.

-Puf... Qué momento, ¿no?

-Pero el caso es que todo pasó muy rápido, yo ni me acuerdo qué pensaba en esos momentos. Sí recuerdo que tuve un instante de duda, pero luego cogí aire y entré y la agarré por los pies y la arrastré fuera, hasta la puerta del vecino. Lo que no sabía era que adentro había otra persona.

-Ah. ¿Por...?

-Porque Conchita vive sola, pero justo se acababa de operar y una de sus hijas se estaba quedando con ella. Yo no lo sabía, no la salvé yo. La salvó un vecino del tercero, un boliviano, Calixto Luna, que entró en el apartamento después de mí. Él la sacó.

-¿Qué ocurrió después?

-Bueno, después llegaron la policía y los bomberos. A mí me llevaron al hospital por intoxicación, pero a las seis me dieron el alta. Nos fuimos a dormir a casa de una prima, en Gavà, y de hecho solo volvimos aquí hace un par de días; tres días fuera. Y mire cómo está todo. Todavía limpiamos, hay hollín por todas partes.

-Huele a pintura.

-Sí, pintamos. Gracias al seguro. Las paredes estaban negras.

-Supongo que en el barrio lo tratarán de héroe para arriba.

-Bueno, sí... 'Mira al Waldi, el héroe', dicen cosas así. En el hospital también, otra hija de Conchita que fue allí, la señora no sabía cómo agradecérmelo, y los policías, también ellos venían y me daban las gracias. En el hospital me aplaudieron, de hecho.

-¿Y en el trabajo? ¿En qué trabaja?

-Soy camarero. Y sí, en el trabajo también lo saben, se enteraron, por supuesto, y también me dicen cosas.

-Cuénteme de qué lugar de Brasil es exactamente.

-De Goiás. En el centro.

-¿Y cuánto lleva aquí?

-Doce años.

-Por trabajo.

-Por trabajo, claro.

-¿Sabe qué? Me enteré de la historia porque escribió al periódico una vecina suya, Ana, contando lo que...

-Ana, sí; es una profesora de aquí, de Cornellà. No me dijo que iba a escribir. Sí me dijo que no le parecía bien que no saliera en la prensa. Se publicó la noticia y ya. No le parecía justo.

-Bueno. Vamos a remediarlo.

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