Inquieta que, con la que está cayendo, el Gobierno español, lejos de buscar consensos de Estado, intente silenciar a la oposición invocando la mala herencia recibida. El País denunciaba editorialmente el miércoles, tras el 1 de Mayo y las protestas contra los recortes, que Rajoy hubiera pedido «a los socialistas que cerraran la boca («lo menos que podían hacer es callarse»)» y que Sáenz de Santamaría les hubiera sugerido «una suerte de arresto domiciliario («si yo hubiera dejado así el país me daría vergüenza salir de casa»)». Y el mismo día, el carajillo party (El Mundo, Abc, La Razón, La Gaceta) se explayaba en el trabajo sucio denigrando a una al último ministro de Trabajo de Zapatero, el ugetista Valeriano Gómez, por haberse manifestado, como toda su vida, el 1 de Mayo.
Información publicada en la página 10 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 04 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Por ello Fernando Ónega (La Vanguardia) alertaba ayer del «rencor que asoma»: «La herencia de Zapatero es ciertamente ruinosa, pero no sé qué haríamos sin ella», constataba, recordando que se le atribuye todo (del expolio de REE a «la desfachatez de un exministro» de manifestarse), y alertaba: «Este el clima que se respira en los hervideros de Madrid»: acalla la crítica, ahuyenta el diálogo y propicia «la aparición en la escena política del odio».
Verbigracia: a Carlos Dávila (La Gaceta) le daba ayer por meter en el legado de Zapatero la insumisión fiscal de Girona, la campaña antipeajes catalana y los expolios de «una desaprensiva de cabaret» y de «un indio renegado»: «La herencia de Zapatero se resume en estas tres palabras: caos interno, inseguridad jurídica y desprestigio externo». La depresión era gorda e iba por barrios. Martín Prieto (La Gaceta) apuntaba: «Las colonias castigan y hasta se vengan de una metrópoli en gran debilidad». Y en El Punt Avui se temían lo peor Vicent Sanchís (No aprenderán nunca) y Vicent Partal (Ruina española. La verdad es que ahora con España se atreven todos. Excepto nosotros). Pero la portada de La Razón -y véanlo como quieran- se daba al goce: Soy del Madrid. XAVIER CAMPRECIÓS