Desde el punto de vista deportivo, podemos encarar el partido contra el Real Madrid con una frialdad y tranquilidad sin precedentes. Nos hemos ganado una ventaja que le priva de todo dramatismo. Ganando, posiblemente machacamos a favor el campeonato. Empatando, dejamos las cosas francamente bien cara al futuro. Perdiendo, seguiremos llevando una distancia confortable.
Información publicada en la página 523 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 06 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Con ese cuadro, nuestros problemas deportivos son ajenos al desenlace: romper, si es posible, la mala tendencia a una baja por partido; rodar nuestras alineaciones defensivas alternativas; consolidar lo mucho que está mejorando la ubicación de Cesc sobre el campo y seguir la evolución del rendimiento práctico de Alexis y Villa. En un plano diferente, hay otra cuestión delicada incómoda de citar: darle tiempo a Messi para recuperarse de su momen-
tánea mala suerte cara al gol y de esa pérdida excesiva de pelotas en situaciones en las que habitualmente las conservaba. Un partido contra el Madrid en el Camp Nou puede ser escenario ideal para avanzar en todas esas direcciones en las que hay trecho por recorrer.
Los síntomas de 'Mou'
Desde los otros puntos de vista está garantizada la alta presión. El Real llega con urgencias históricas. Mourinho no solo está rarito por unas diferencias crecientes con parte de su plantilla, sino que a ello le suma el cabreo porque han trascendido ampliamente. Dicho sea con todos los respetos por si es una enfermedad (física o mental), la verdad es que muchos de los que siguen la evolución de lo que dice y refleja piensan que está mal, que necesita tratamiento o apoyo profesional. Pelear contra su plantilla poniendo un excesivo número de delanteros de juego similar que no tienen más remedio que embarullarse y molestarse en el área contraria o dejarse llevar por caprichos de su testosterona al poner o sacar del banquillo a jugadores incontestables como Ramos en maniobras que nadie considera rotaciones normales son síntomas clarísimos. Por ello, así como para el Barça el partido deportivamente hablando no es dramático, para los asalariados de Florentino lo es y, además, en grado superlativo.
Carga política
Un tercer aspecto insoslayable es la carga política que tendrá el estadio. Aunque desde el Real Madrid -el equipo más politizado de España, el equipo más identificado con el nacionalismo centralista español- se nos vuelve a recordar la vieja monserga de que no conviene cruzar la política y el deporte, esta vez probablemente quedará más claro que nunca que el Barça es el ejército pacífico y sentimental de Catalunya. Eso se hará estrictamente desde la grada, porque aquí funciona la división del trabajo, ya que sobre el campo competirán 11 contra 11 o, como máximo, como ha sucedido algunas veces, 12 en uno de los dos lados. Sabemos que la vida es así y esto difícilmente lo cambiarán ni los referendos ni las elecciones. En todo caso, para la afición del Barça la cuestión no es si se deja aplastar por quienes están en contra de la libertad de expresión, que no se dejará, sino demostrar que esa libertad puede ejercerse de manera escrupulosamente democrática y pacífica.