El Periódico

Jueves, 28 de marzo del 2013

Según el diccionario, un cínico es quien «impúdicamente hace gala de despreciar los valores morales». Yo añadiría «con una sonrisa maléfica en los labios». Esto es lo que hacía notar un profesor de matemáticas cuando un compañero mío -ahora también profesor- salía a la pizarra a solucionar un problema que todos los demás nos veíamos incapaces de resolver. Le llamaba «el cínico Roch», pobre, y no lo calificaba así porque fuera un sabio (que lo era) sino porque reía. La mueca era, para el profesor, el símbolo inequívoco del cinismo, aunque debo decir que creo que en mi compañero no había desprecio sino solo un tic facial.

La cuestión es que, desde entonces, siempre he asociado cinismo y complacencia. En los anuncios de Bankia, por ejemplo. Hay un montón. «Hazte Bankero», decían. Y luego añadían: «Creemos tanto en el futuro que le hemos abierto una cuenta». U otro, con música de Aretha Franklin: «Si todos aportamos lo mejor que tenemos, todos seremos titulares de lo que está por venir». Que se lo pregunten a los titulares de las preferentes. Titulares de cero. O a los pequeños accionistas. Un céntimo por acción. Ahora, justamente ahora, Bankia vuelve a reír. Se mofa de todos nosotros y se gasta el dinero que no es suyo con el espot de una llave que «da cuerda a tus proyectos para volver a empezar, pero esta vez desde los principios». ¿Y los valores morales, esos otros principios? Despreciados, obviamente.

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