En esa ya conocida fórmula de vasos comunicantes que vincula el debate político en Euskadi y en Catalunya, esta vez ha tocado que las aguas catalanas agiten la pipeta vasca. La costumbre decía que el ruido era vasco, y el eco, catalán. Eco muy a menudo atenuado y canalizado hacia melodías más templadas. Al menos esa era la sensación que los vascos teníamos y, en cierto modo, la que se nos alimentaba. Pero ahora los ecos de la Diada y el debate sobre la soberanía, el marco legal y la independencia llegan con fuerza y han entrado en la campaña vasca obligando a todos a tomar posiciones.
Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 04 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El del marco legal y la soberanía es un debate sólidamente desarrollado. Me atrevería a decir, aun a riesgo de equivocarme, que el argumentario de ese debate ha sido tan ampliamente analizado en Euskadi que difícilmente vayamos los vascos a recibir de Catalunya elementos de juicio nuevos. Esto no es un demérito para nadie, solo la sensación de que los partidos vascos trillaron ese camino con anterioridad y que el mero hecho de que esa ruta tortuosa reverdezca ahora en otra parte del Estado es síntoma de que ignorar los problemas sirve para posponerlos pero nunca para resolverlos. Y el de la viabilidad del Estado autonómico no se solventaba con una ronda de café en tazas iguales. Ni desde la perspectiva de las identidades nacionales, ni desde la propia sostenibilidad económica de las autonomías.
El caso es que en Euskadi se mira a Catalunya y se perciben las similitudes, pero también las diferencias. La fundamental: que el debate de la soberanía, teniendo un componente económico, no tiene la urgencia de la inviabilidad fiscal catalana. Que esta es una divergencia entre Euskadi y Catalunya resulta de una obviedad que ustedes tienen muy presente y que pasó de ser ignorada a ser anhelada: el concierto económico. Ese pacto de financiación con el Estado modifica el grado de confrontación en tanto que garantiza la viabilidad fiscal de Euskadi. Pero no agota el debate, y hoy mismo es objeto de polémica por la divergencia en las liquidaciones, que en estos momentos acumula una reclamación de más de 500 millones de euros que el paso del tiempo mantiene en progresión aritmética y que los gobiernos vascos reclaman al Estado. Pese a esta particularidad, los partidos vascos han tenido que posicionarse de nuevo.
En el discurso independentista encuentra acomodo Euskal Herria Bildu. Es su eje estratégico electoral como fórmula con la que resolver de un plumazo el déficit, la crisis y el desempleo; palanca de una transformación sin hoja de ruta pero que aglutina deseos y descontentos. Su debilidad era testar electoralmente el juicio social de su discutida gestión de los problemas de los guipuzcoanos tras un año largo al frente de sus instituciones; y el ejemplo catalán ha reforzado su enfoque electoral hacia el terreno de juego con menor coste.
Y es el Partido Popular quien coopera con EH Bildu en asentar ese eje de debate. Los populares vascos temían el coste de los recortes de Mariano Rajoy, y ahora encuentran alternativa. Antonio Basagoiti rescata lo más apocalíptico del discurso antinacionalista ofreciéndose como única alternativa a un supuesto eje PNV-EH Bildu que las encuestas más aventuradas sugieren que sumaría casi dos tercios de la nueva Cámara vasca. Al PP vasco le incomoda el debate económico y la alternativa de un discurso sobre el choque de identidades es un terreno mucho más manejable.
El PNV tampoco orientaba su campaña hacia la reivindicación soberanista. Está en su naturaleza y no se puede hablar de oportunismo por la actualidad catalana, ya que hace meses que Iñigo Urkullu hizo del diseño de un nuevo marco legal un eje estratégico de su partido. Pero también situaba su momento en el horizonte de tres años vista. La gestión de la crisis y las políticas de crecimiento eran su prioridad, pero ha tenido que coger el guante de quienes le acusan desde un lado de falta de compromiso nacional vasco, y desde el otro, de rupturista.
Por último, Patxi López tenía su campaña orientada a una defensa del gasto público frente a los recortes y el apaciguamiento social frente a la reivindicación nacional. Pese a ser el lendakari saliente, Rodolfo Ares le ha diseñado una estrategia de aspirante al título que le evite asumir un juicio de su gestión contable y mantenga sus fortalezas en el discurso firme de defensa de los servicios sociales. La actualidad ha hecho que rescate el discurso de la confrontación identitaria como estrategia de otros y se ofrezca como adalid de la paz social.
No se puede negar que la actualidad catalana ha irrumpido en la política vasca más que en ninguna ocasión anterior. Pero tampoco ha transformado el panorama propositivo de los partidos ni, con toda probabilidad, su mapa electoral. Hoy, Catalunya interesa quizá más que antes en Euskadi. Pero donde realmente preocupa es en España. Periodista.