El Periódico

Tomás Navarro

Tomàs Navarro

Psicólogo. Se dedica a la psicología, la consultoría, la formación y la divulgación. Autor de 'Fortaleza emocional'

Carta abierta a los maestros...

@Tomasnavarropsi

Lunes, 5 de septiembre del 2016 - 10:32 CEST

Hay que ser una persona muy especial para ser maestro. Me explico. Algunas personas trabajan con tornillos, otros con pizzas e incluso los hay que trabajan con tochos. Hay quien trabaja con números, con microchips o con plantas y árboles. Algunos, como yo, trabajamos con emociones y sueños, que siempre es más delicado, otros con virus y bacterias y algunos con la vida y la muerte…

Pero mi admiración más absoluta va dirigida a aquellas personas que trabajan con almas: los maestros. Sí, los maestros trabajan con almas vulnerables que muestran toda su fragilidad sin reserva alguna. Cada mañana un maestro se encuentra con una clase llena de almas desprotegidas ante el cincel que les dará forma durante todo un curso escolar.

Los maestros no comercian con bienes, no se limitan a gestionar datos, ni construyen sólidas casas. Los maestros guían, muestran y acompañan a almas deseosas de aprender, lo sepan ellas o no. Bueno, también enseñan matemáticas, lenguas y ciencias, pero eso es lo de menos.

La principal tarea de un maestro es la de liberar todo el potencial de sus alumnos, la de despertar la curiosidad absoluta de sus pupilos, la de motivar el amor por la cultura y el aprendizaje de sus  discípulos, la de proporcionar recursos a sus aprendices para que se sientan seguros y fuertes y la de dotar de una fuerte consciencia prosocial, empática y compasiva a sus atentos discípulos.

Queridos maestros en vuestras manos está el futuro del mundo. En vuestras manos están los futuros políticos honestos, los científicos concienciados de la importancia de generar conocimiento útil y respetuoso con el medio ambiente, los directivos responsables y respetuosos, los ciudadanos de a pié empáticos y compasivos, las madres y padres capaces de educar a sus hijos, los adultos sanos y equilibrados, los hombres y mujeres que cambiarán el mundo consiguiendo que sea mejor para todos y no solo para unos pocos, los adultos que seguirán jugando como niños…

Sí, en vosotros recae esa responsabilidad. Sé que algunos diréis que no, que depende de los padres, pero queridos maestros, si amáis a vuestros alumnos, no los dejéis a merced de unos padres que a veces no saben, otras no pueden y otras no quieren ejercer esa responsabilidad. Querido maestro, mira a los ojos de tu alumno, del niño que tienes delante, del alma temblorosa que necesita de tu ayuda ya que en su mirada, encontrarás la mayor de las motivaciones para darle lo que necesita para vivir en el complejo mundo que se va a encontrar.

Lo de enseñar contenidos ya pasó a la historia. Hoy, más que nunca, tenemos que enseñar valores, estrategias, recursos y técnicas para poder leer la vida y las personas y para que nuestros hijos puedan escribir su propio futuro.

Aprender a leer la vida y las personas y a escribir tu futuro es tan importante como en su día lo fue aprender a leer y a escribir y esta responsabilidad no se puede delegar a las familias, se tiene que enseñar de manera sistemática en los colegios.

No vale un ya más o menos lo hacemos, algunos profesores sensibilizados ya lo hacen o aquella frase de esto forma parte del currículum oculto… ¡No! Vuestra labor es tan importante, tan estratégica, tan crucial, que tenéis que asumirla con valor y determinación.

Vuestra palabra tiene un elevado impacto en las almas de vuestros alumnos, pensad, por favor, cada palabra que decís. Yo también lo hago, cada día, muchas horas y mis palabras no tienen ni la mitad de capacidad de influencia que tienen las vuestras por dos motivos. En primer lugar porque la capacidad crítica de un niño no está desarrollada y para ellos vosotros sois una referencia clara. Y la segunda porque cada palabra vuestra llega a toda una clase formada por veinte o treinta niños.

Queridos maestro, pensad todas y cada una de las palabras que decís, todas y cada una de las miradas que lanzáis, todas y cada una de las decisiones que tomáis y todas y cada una de las palabras que calláis ya que ellas van a parar a unas pequeñas, indefensas, desvalidas y receptivas almas.

Querido maestro, sabes lo que tienes que hacer, lucha por hacerlo… No por ti, ni por mi, ni por el sistema, sino por los niños que tienes en clase, por el potencial que pueden desarrollar y por aquella motivación romántica que te llevó a ejercer la profesión más importante que existe… La de artesano modelador de almas…

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