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La rueda

El camino del trabajo a casa

Jueves, 19 de julio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Olga Merino Periodista y escritora

El domingo llovió. Una lluvia mediocre, como casi todo últimamente, cayó durante un rato, sin ganas, sobre la ciudad retraída. A la altura de la calle València, unas banderolas de PVC goteaban desde las farolas con el torso en blanco y negro de dos obreros de los años 70; dos currantes a todas luces extranjeros porque tenían bastante más lustre que los nuestros por la misma época. Los carteles anunciaban una muestra fotográfica en La Virreina con el sugerente título De la casa a la fábrica. Un trayecto mil veces repetido, con suerte, de la intimidad al puesto de trabajo, llámese fábrica, despacho, hospital, oficina, escuela, redacción o panadería. El recorrido diario atravesando la ciudad, ese peculiar espacio en tránsito, es el único que quizá pertenece en exclusiva al hombre y a la mujer que van y vienen del ámbito doméstico. Ni al jefe ni a la familia. Un camino de soledad y ensimismamiento.

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Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 19 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

La idea de la exposición parte de una película que rodó en 1975 el cineasta francés Jean-Luc Godard sobre los bucles que se tejen una y otra vez en el itinerario de la fábrica a casa. Una exhibición modesta pero con flashes interesantes. Llama la atención, por ejemplo, cómo se asemejan los paisajes industriales del extrarradio, estén ubicados en Leeds, en Nancy o en Montcada Bifurcació. Árboles raquíticos y bloques de cemento abigarrados. Siempre hay trastos en los balcones de los pobres: una bici medio oxidada, una lata de pintura, una butaca de mimbre. Y ese abuelo que observa la vida pasar y espera a que le pongan el plato en la mesa.

Mucho ha cambiado el panorama desde los años 70 para acá. Si entonces la relación trabajo/casa resultaba alienante, ahora la alienación se embosca en llegar a fin de mes y pagar los recibos. Hoy en día, si la fábrica sigue existiendo en el paisaje urbano, lo más probable es que esté deslocalizada en otro lugar más rentable. Y los obreros, en el paro o temblando por la posibilidad de estarlo.

Que se jodan, que diría aquella.

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