Josep Maria Espinàs
Periodista y escritor
Tengo que reconocer mi sorpresa cuando, leyendo este diario, descubrí que un artículo mío había servido como prueba para evaluar la competencia en catalán de unos alumnos de 4 º de ESO. Agradezco su interés a quien propuso este texto como materia de examen. Tengo la impresión de que el contenido y el tono de este artículo, La propina, era lo bastante sencillo y vivido para estimular al alumno a reflexionar por su cuenta.
Información publicada en la página 10 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 22 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Al día siguiente se eligió, para hacer la prueba de castellano, un texto de Miguel Delibes. Y la elección me pareció acertadísima. Yo tengo una gran admiración por Delibes, como he manifestado en un libro dedicado a evocar a algunos personajes que he conocido. Personajes muy diversos y cada uno con sus cualidades. Evidentemente, no debe haber un único estilo literario que se presente como modelo a seguir. Pero si se trata de acercar a los estudiantes a una prosa castellana arraigada profundamente en esta lengua, las páginas del escritor de Valladolid son una herramienta de ejemplar calidad. Es innegable que los alumnos -como cualquier ciudadano- son libres para leer, ahora y una vez acabados los estudios, a los autores y los libros que más les interesen. Pero en la fase de formación lingüística en castellano, para descubrir cómo funciona una lengua y la importancia del vocabulario, Delibes es una herramienta de aprendizaje del castellano auténtico absolutamente recomendable. Una lengua utilizada sin exhibiciones innecesarias, sin juegos de palabras efectistas, sin pretensiones deslumbrantes. Es decir, un castellano sólido, preciso y, al mismo tiempo, coloreado y lleno de jugo vital.
Gracias a la lección que suponía para mí la lectura de los libros de Delibes admití -hace ya muchos años- que mi castellano con intención literaria no tendría suficiente fuerza ni la autenticidad exigible. Eso sí, con un modelo como el que él construía, yo podía comprender el mecanismo de una lengua, el juego de la sintaxis -que no es exactamente el de la catalana-, el matiz de la sonoridad.
Es posible utilizar las lenguas que no son la propia con habilidad, con corrección gramatical, con eficacia. Y eso se debe aprender con lecturas atentas. Aunque este conocimiento, por notable que sea, no consiga proporcionar la identidad natural y la creatividad lingüística de quien habla una lengua heredada y madurada dentro de uno mismo. Con posibles excepciones, claro.