Francesc Escribano
Cuando este domingo vi una foto enorme de Leo Messi abrazado a un niño enfermo que ilustraba un reportaje del Cuaderno del Domingo sobre el poder curativo que tienen las visitas de los deportistas de élite a los hospitales infantiles, pensé que era un gesto noble y solidario, que decía mucho de él, pero que, en cierto modo, estaba obligado. Si todos tenemos asumido que aquellos que más tienen y que más ganan son los que más impuestos tienen que pagar, del mismo modo, los que más atención mediática acaparan, los más populares, los más famosos, tienen una responsabilidad social y un compromiso ineludible con la comunidad que tanto los mira y los admira. Lo han de hacer, no solo para aumentar su popularidad o para mejorar su imagen, lo han de hacer porque, lo quieran o no, son un ejemplo.
Información publicada en la página 7 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 04 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Pero esta teoría no es aplicable a todas las figuras públicas. Hace unos días, Belén Esteban, en un aeropuerto, rodeada por un enjambre de cámaras y micrófonos, como es habitual, fue increpada por un señor que pasaba por allí y que casi es atropellado por la comitiva: «¡Hala con la fea esta!», dijo. La reacción de la antiheroína fue rápida y contundente: «¡Fea lo será tú puta madre!». En otro mundo, la imagen pública del protagonista de una grosería de este calibre se resentiría notablemente. No es el caso del mundo donde la antiheroína más famosa de la televisión hispánica se gana el pan. No, en estos programas del corazón que siguen imbatibles en las tardes televisivas, en pleno horario infantil, estas salidas de tono no hacen otra cosa que aumentar el valor de quien las protagoniza. Que conste que no tengo nada en contra, que hagan lo que quieran y que se insulten y que griten entre ellos tanto como quieran. Todo el mundo tiene derecho a hacer y a ver la televisión que quiera. Pero quizá deberíamos alarmarnos si aceptamos como si nada, como si fuera lo más natural, que la mala educación y el mal gusto sean ejemplos que coticen al alza.