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Manel Esteller

Los SÁBADOS, CIENCIA

Manel Esteller

Médico. Institut d'Investigació Biomèdica de Bellvitge

¡Bichos!

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Sábado, 2 de febrero del 2013

Viven dentro de nosotros, y algunos, encima. Unos son familia cercana, y otros, invitados que no quieren irse. Unos nos ayudan y otros nos matan. Unos tienen núcleo celular (eucariotas) y otros no (procariotas). La mayoría tienen como material genético el ADN (ácido desoxirribonucleico) y unos pocos se apañan con el ARN (ácido ribonucleico). Estoy hablando de todos los bichos, unicelulares o pluricelulares, que habitan en el cuerpo humano en la salud y la enfermedad. ¡Qué galería de personajes! Mejores que los de una telenovela. Tenemos los buenos y los malos, los protagonistas de un capítulo de nuestra vida que luego desaparecen y aquellos que una vez nos son presentados nos acompañarán hasta el fin de nuestros días. ¡Echémosles una mirada grosera! Con algunos tomemos precauciones y no nos acerquemos demasiado...

ARIADNA MUNTANER

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Información publicada en la página 8 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 02 de febrero de 2013 VER ARCHIVO (.PDF)

Entre lOs principales bichos que tienen nuestro cuerpo como casa destacan las bacterias. Son microorganismos que tienen una doble cadena de ADN como nosotros, pero es circular como un collar de perlas mientras que el nuestro es lineal repartido en diferentes cromosomas. Si miramos solo el número, la batalla está perdida: por cada célula humana tenemos un equivalente de diez bacterias. Por lo tanto, tenemos trillones de bacterias en nuestro organismo. Lo siento por los hipocondriacos. Les consolaré diciendo que no están en todas partes: se localizan principalmente en la piel (como el estafilococo), las áreas urogenitales (Ureaplasma parvum y Corynebacterium aurimucosum, ¡toma ya!), la boca y, especialmente, nuestro tracto gastrointestinal. Dentro de este último, destacar que en el estómago encontramos el Helicobacter pylorii, simpático animalito asociado al desarrollo de la úlcera gástrica y el cáncer de este órgano, mientras que en nuestros intestinos residen, entre otros, la Escherichia coli (responsable de magníficas diarreas), estreptococos y el Lactobacillus casei (declaro que este artículo no está patrocinado por la industria del yogur. ¡Ya me gustaría!).

Muchos de estos seres realizan funciones importantes para tener una vida sana y solo cuando se rompe el delicado equilibrio entre ellos y nosotros aparece una enfermedad. Existen en la actualidad grandes proyectos científicos internacionales para conocer todo el microbioma (catálogo de microorganismos que pueblan el ser humano) y cómo cambia en diferentes condiciones ambientales, nutricionales y en patologías.

Pero es que aún hay bichos más pequeños que pueden estar dentro de nuestro cuerpo como pequeños octavos pasajeros (¡Alien!). Los más conocidos son los virus. Algunos dicen que no son ni siquiera seres vivos, pero permítanme que discrepe. Minusvalorándolos no dejarán de dar murga. Llámenme romántico, pero para mí Plutón será siempre un planeta. Bueno, pues hay un virus llamado Epstein-Barr que lleva el 90% de la población occidental. Está presente en una fracción de las células de la sangre (linfocitos). En la mayoría de la gente, el virus vivirá sin que se enteren y sin dar ningún problema. Habrá un grupo que desarrollará una enfermedad llamada mononucleosis infecciosa (o enfermedad del beso, pero no se animen, que incluso los más puritanos pueden tenerla). Habrá un bajísimo porcentaje que tendrá un linfoma (tumor maligno de los ganglios) asociado a los virus.

Pero también tenemos otros virus que estarán para siempre con nosotros, como los virus del herpes (bucal o genital): una vez infectados, duerme en nuestras mucosas hasta que un día se despierta generando una afta por aquí o por allá. Pero podemos pillar muchos virus: virus del papiloma (tumores del cuello de útero, ano y de cabeza y cuello); virus de la hepatitis A, B y C; virus del sarcoma de Kaposi, el virus linfotrópico de células T humanas (responsable de un tipo de leucemia), el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH)...

Por suerte, tenemos vacunas contra buena parte de ellos, y otros están bajo investigación. Y la lista se alarga: el virus sincitial del bebé (que tanto hace sufrir a los padres primerizos por su asociación con la bronquiolitis), los molestos virus del resfriado común (rinovirus) y de la gripe en sus variedades (adenovirus, rotavirus). Somos como un inmenso spa para estos bichos.

Solo les he mencionado la punta del iceberg. No he hablado de parásitos unicelulares protozoos como el tripanosoma (enfermedad del sueño, enfermedad de Chagas) o el Plasmodium (malaria = paludismo). No he entrado a comentar nuestros invitados pluricelulares, pero en el menú podemos mencionar los piojos (pesadilla de todos los padres y maestros), las pulgas, las lombrices intestinales, los gusanos redondos tropicales. Si son hipocondriacos y me han acompañado hasta aquí, se merecen una medalla. Que duerman bien con la compañía que les he descrito. ¡Yo me voy, que me pica todo!

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