El dato de que en Barcelona se roban un promedio de siete motocicletas cada día puede parecer muy alarmante, pero debe ser analizado conjuntamente con otros parámetros que lo relativizan. Por una parte, el de que la capital catalana es la ciudad europea con más vehículos de dos ruedas, nada menos que 218.000. Por otro, el de que el número de sustracciones ha descendido de forma notable en los últimos años (un 25% desde el 2008). Y aunque no hay estadísticas actualizadas, es probable que la ratio media de robos de motos en el conjunto de España sea superior. O sea, que el dato de Barcelona, visto en perspectiva, tiene más de bueno que de malo.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 23 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La mayor eficacia policial (de los Mossos, fundamentalmente) en la prevención de los robos se completa con el incremento de los vehículos recuperados, que ahora son ya más de la mitad. Pero no puede pasarse por alto una circunstancia que debe mover a la reflexión: en no pocos casos, las motos robadas son desguazadas aquí, y sus piezas, distribuidas a talleres mecánicos para su uso como recambio, con un coste mucho menor que el material original. De eso se beneficia el cliente, al que en principio cabe suponer ignorante del trapicheo, pero en todo caso es un comercio ilegal que los profesionales del ramo deben ser los primeros interesados en erradicar. La condición de Barcelona de ciudad motera no puede tener una servidumbre tan propia de la peor picaresca.