J.M. Fonalleras
Escritor y periodista
Felanitx es un pueblo delicioso de lo que se conoce como part forana, en Mallorca, con una iglesia barroca que tiene una fachada espléndida y discreta, y con un rosetón delicado y una escalinata muy elegante. Más allá del núcleo, se puede subir hasta el santuario de Sant Salvador, con una vista que incluye, si no me equivoco, la isla de Cabrera, y también hay que hablar, por supuesto, de Porto Colom, el puerto de la villa, un abrigo natural de una belleza reposada. Felanitx es un pueblo peculiar con personajes peculiares que atesoran una sabiduría popular de una gran capacidad narrativa. Es felanitxer Miquel Barceló, el pintor, y también lo era Miquel Bauçà, el escritor genial, maldito y exuberante. En Felanitx hay efervescencia política y cultural y esta efervescencia se manifestó, hace unos días, en el abucheo a Bauzá, el presidente balear, responsable de lo que muchos ya califican como «política de aniquilación de la lengua» practicada por el PP: desde la idea de traducir el nombre de los pueblos hasta la carga casi militar contra la ley de normalización, pasando por un desprecio absoluto por el habla que, desde hace siglos, identifica las Baleares como parte de la cultura catalana. Estamos hablando de un patrimonio único que es similar a monumentos de los humanos, como la Seu, o a joyas pétreas, como la Sierra de Tramuntana, pero más frágil, más indefenso. Es decir, hay que defenderlo de los ataques inclementes.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 02 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)