Más que las desorganizadas acciones bélicas de los rebeldes, la deserción del primer ministro sirio es un golpe fatal para el régimen de Bashar el Asad. Hasta ahora, diplomáticos y militares de distinta graduación se habían unido a la revuelta, pero nunca lo había hecho una personalidad tan encumbrada en el corazón del poder como el jefe del Gobierno, aunque tratándose de una autocracia su margen de acción fuera limitado.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 07 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
El cambio de bando de Riad Hyad llega en un momento de máximo deterioro de la situación siria, sin que apunte ninguna salida buena en el horizonte. La desorganización de la oposición y su desmoralización por la falta de apoyo exterior declarado han facilitado la presencia de hombres de Al Qaeda en el conflicto, como reconoció el secretario de Defensa estadounidense, Leon Panetta. El sectarismo y el fundamentalismo han hecho mella en las fuerzas de la oposición que combaten bajo las siglas del Ejército Libre Sirio, como demuestran las imágenes de las brutales represalias contra hombres del régimen que se han dado a conocer en los últimos días. En esta situación, las minorías viven en el máximo temor. La alauí, que es la que ha dominado el país durante las cuatro décadas de control de la familia Asad, pero también las otras que configuran el mosaico humano de Siria como son los cristianos, los kurdos o los drusos.
El frente diplomático, con el anuncio, la semana pasada, de la renuncia del enviado de la ONU y de la Liga Árabe, Kofi Annan, a renovar el mandato, ha mostrado asimismo la indigencia estratégica de la comunidad internacional en general y del Consejo de Seguridad de la ONU en particular, incapaz de aprobar cualquier resolución por moderada que sea, en neto contraste con el voto mayoritario de condena a Damasco por la Asamblea General.
La única muestra de sensatez aparecida estos días viene de Wash-
ington y se refiere a la preparación de planes para que una Siria sin Asad no caiga en los gravísimos errores cometidos tras la caída de Sadam Husein en Irak, donde desapareció el Estado, con nefastas consecuencias. Pero lo que pueda ocurrir desde hoy hasta aquel momento -y cómo va a ocurrir- es algo que ni se plantea.