A finales del 2001 y principios del 2002, Argentina vivió una convulsión sin precedentes. El brutal deterioro de la economía (dolarizada) y la acelerada fuga de capitales al exterior forzaron al Gobierno a una medida radical: congelar las cuentas bancarias de los particulares para detener la sangría de recursos. Fue el corralito, una expresión tan gráfica que se ha incorporado al lenguaje económico coloquial de muchos idiomas y que causa tanto pánico como el también extendido default (quiebra). Argentina tuvo cuatro presidentes en pocas semanas y solo a partir del 2003, y tras un empobrecimiento general del país, la llegada de Néstor Kirchner a la Casa Rosada enderezó la situación.
Información publicada en la página 6 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 04 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Ahora, su viuda y presidenta desde el 2007, Cristina Fernández, ha culminado la devolución a los ciudadanos de los 19.600 millones de dólares retenidos o confiscados en el 2001, con lo que se cierra un capítulo traumático de la historia reciente del país. Como cabía esperar de una dirigente singular surgida del peronismo, Fernández no ha desaprovechado la gozosa ocasión para exhibir su retórica, y de paso comparar la situación de la Argentina de hace una década y la de la Europa de hoy. Un ejercicio de nacionalismo y populismo que no oculta que la economía del país austral, pese a todo, hoy tiene debilidades y riesgos. Aun así, haría bien Europa en sacar enseñanzas del corralito para los tiempos de gran incertidumbre que vive la UE.