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Procurador de bienestar. Dejó la Borgoña rural para terminar moviendo la energía como en la tradición china.

Thomas Richard: «Aquí hay muchas competencias que no circulan»

Viernes, 27 de julio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
CARME ESCALES

Tenía un buen trabajo como turoperador de viajes de aventura, en el glamuroso París. Viajaba y ganaba dinero suficiente para considerar que vivía bien. Pero Thomas ansiaba un cambio: más luz en su vida. Entró en internet para ver cómo llegar hasta Barcelona, se compró una camioneta y viajó en busca del sol y el mar con el que tantos europeos sueñan. Él dejó de soñar y empezó a vivir.

JOAN CORTADELLAS

JOAN CORTADELLAS

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Información publicada en la página 56 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 27 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

-¿Qué sabía de esta ciudad antes de venir?

-En realidad, nada. Pero siempre había oído decir que Barcelona era como un París junto al mar.

-¿Y así es?

-En absoluto. En Francia, las relaciones personales no son tan cálidas. No es solo el mar lo que hace a Barcelona diferente de París. Aquí, la familia está más próxima, el ambiente es más festivo y la gente más abierta y hospitalaria, te adopta. Me dijeron que si no hablaba catalán, no me responderían, y !qué va! He visto que nadie te obliga. No lo hablo mucho, pero lo entiendo. Con mi pareja -catalana hija de chilena y catalán- con mis amigos, y en el trabajo, en general, hablo en castellano.

-¿Qué fue lo primero que hizo al llegar? Era el 2001.

-Instalarme en un cámping fuera de Barcelona. La ciudad era cara para mí. Un día, mientras paseaba por la calle de Ferran, entré en el Centre d'Informació i Documentació Juvenil y busqué algo para estudiar. Como en París había hecho artes marciales, kárate, y a través de eso me había interesado por el shiatsu y terapias de oriente, elegí Medicina Tradicional China (MTC). Hice los cinco años de carrera en el ISMET y ahora soy terapeuta. Con otro socio francés, una catalana y una mexicana, montamos una clínica de MTC -Instituto Meridians-, y nos va bien.

-Así contado, parece casi un cuento. ¿Es fácil montar un negocio aquí?

-Es más fácil que en París. Catalunya incita mucho a la creatividad y a emprender. Para empezar, te animan mucho, iniciativas como Barcelona Activa, por ejemplo, son muy buenas. Pero luego, cuando arrancas, no te facilitan las cosas, los impuestos para los pequeños empresarios son aplastantes. Se avanza muy poco a poco y solo si trabajas mucho. Aunque, en París, creo que aún estaría en la calle, si hubiera tenido que empezar desde cero, como aquí.

-Pero los sueldos allí son más altos.

-Sí, por horas invertidas, aquí el rendimiento económico es muy bajo. La hora se paga muy mal. Tienes que mantener siempre un nivel alto de esfuerzo y, aun así, está poco valorado. Aquí hay muchas competencias que no circulan, muchos diplomas y aptitudes infravalorados.

-¿Se valora aquí el poder de nuestra energía interna? ¿Quién es más receptivo a las terapias de Oriente?

-El escepticismo no tiene nacionalidad. Los catalanes son serios a la hora de cuidarse, se guían mucho por lo que dicen los suyos, establecen una cadena de confianza y se entregan a ti como terapeuta. Son muy receptivos a las terapias orientales y tratamientos naturales, y cada vez más. Se notan las raíces de muchos de ellos en un pueblo.

-Usted también nació en un pueblo. ¿Por qué lo dejó?

-Era un lugar en medio del campo, cerca de Suiza, pero era demasiado rural. Yo me siento más urbanita, por eso me trasladé a París. También he vivido en Perú y Bolivia, y pensé que Barcelona sería un punto medio entre el carácter latinoamericano, por su apertura y fiesta, y la seriedad de una ciudad como París. París es demasiado gris para mí. Yo casi me atrevería a decir que prefiero estar pasando esta crisis en Catalunya que vivir bien en un país gris.

-Pero de su país gris, ¿sigue las noticias o vive totalmente al margen?

-No, no vivo al margen. Sigo la actualidad por la radio. Escucho France Culture por internet.

-¿Qué cree que tenemos en común franceses y catalanes?

-Creo que compartimos un tipo de seriedad, un idioma cercano y ganas de compartir en Europa.

-¿Y cómo le parece que nos llevamos mutuamente?

-En mi opinión, los franceses vienen con un complejo de superioridad y aquí se les recibe con un complejo de inferioridad. Tal vez pase un poco más en el resto de España que en Catalunya, todavía se piensa en el francés como alguien refinado que habla con la nariz. Pero es un cliché y, como en todas partes, hay de todo.

-Y la descripción de un catalán, ¿cómo la haría?

-Yo la imagen del típico catalán la asocio a un vecino de Gràcia.

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