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Caboverdiano 'indepe'. Vino por amor hace 11 años y, aunque a veces la nostalgia escuece, se siente catalán.

Paulo Brito: «Aprendí catalán con 'En Joan Petit quan balla'»

Sábado, 11 de agosto del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
GEMMA TRAMULLAS

«Tierra pobre llena de amor / de 'morna' y 'coladera' / tierra sabia llena de amor con tambores y música de 'funaná'», canta Cesaria Evora en un rapto de morriña. Cuando la saudade ataca, Paulo busca consuelo en Cesaria, Lura,

JAVIER CARBAJAL

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Información publicada en la página 44 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 11 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Mayra o Sara Tavares. Sus raíces están a más de 4.000 kilómetros, en el archipiélago africano de Cabo Verde, pero su patria es su familia, su mujer y sus dos hijos catalanes.

-Usted es de los que vino por amor.

-Me trajo una chica catalana muy bonita a la que conocí en Cabo Verde. Yo sabía del Barça pero no tenía ni idea de Catalunya y ella empezó a enseñarme catalán mucho antes de que viniéramos a vivir aquí.

-¿Qué fue lo primero que aprendió?

-Las partes del cuerpo. Las primeras palabras en catalán las aprendí con En Joan petit quan balla.

-Pasar de Cabo Verde a Barcelona debió ser una impresión.

-Pues no. Echo de menos mi país, pero aquí me siento superbien; he encontrado mi segunda casa.

-¡Oh, vamos...! Venía de San Vicente, una isla de apenas 70.000 habitantes, de una sociedad alegre y pausada, y aterrizó en una metrópoli permanentemente capficada.

-Aquí se ven más caras largas, pero no diría que es por la cultura sino por la forma cómo convivimos en sociedad. En San Vicente era bibliotecario del Centro Cultural Portugués, desayunaba con calma, salía de casa a las 8.45 de la mañana, andaba tranquilamente hasta el trabajo, a las 12.30 iba a comer a casa, luego me relajaba un rato en la playa y volvía a trabajar de 3 a 6 de la tarde.

-Igualito que aquí.

-Aquí sales pitando, te metes en el metro achuchando, haces diez paradas para llegar al trabajo y vuelves a casa a las tantas. ¿Cómo no vas a poner cara larga? Todo esto hace que el carácter te cambie. ¡Después de 11 años yo también he adoptado la cara larga!

-¿Cómo lleva el carácter catalán?

-Perfectamente. Es verdad que aquí son muy capficats, pero yo creo que eso es muy europeo. Le parecerá increíble pero yo siempre he tenido un espíritu, más que europeo, alemán. Soy muy puntual y extremadamente exigente. A veces me enfado con mi mujer porque llegamos un poco tarde a algún sitio y es ella la que me dice: «Tranquil».

-Por eso no le costó adaptarse.

-Para mí el ser humano es muy parecido en cualquier parte del mundo. Tenemos algunas características diferentes por el lugar donde hemos nacido, por cómo convivimos y cómo hacemos las cosas del día a día, pero en el fondo la maquinaria es la misma. Es verdad que al principio noté más la diferencia. Vivimos en el barrio de Sant Andreu y algunas viejecitas cambiaban de acera para no encontrarse con ese chico mulato. Eso me dolía, pero las entendía.

-¿En el trabajo se ha dado alguna situación parecida?

-Muy pocas. Trabajo en Correos y una vez llegó a la oficina una mujer a la que atendí muy educadamente. Cuando ya se iba, se giró y dijo: «¿Qué, chico? ¿Tienes un buen puesto de trabajo, eh? Y los de aquí en el paro». Aquello me dio mucha rabia, pero la miré tranquilamente y le dije en catalán: «Senyora, jo sóc d'aquí de tota la vida». Y se quedó pasmada.

-¿Es así como se siente? ¿De aquí de toda la vida?

-Y tanto. Yo me siento muy catalán, soy un catalán más, me encanta Catalunya y quiero ser catalán de verdad, por eso espero que algún día llegue la independencia.

-Si le oyeran aquellas viejecitas que cambiaban de acera...

-A veces digo en broma que un día de estos seré alcalde de Sant Andreu. En el barrio me paro a hablar y a saludar a la gente; en mi escalera conozco a todo el mundo y en cambio mi mujer no conoce a casi nadie.

-¿Cuánto tiempo hace que no vuelve a Cabo Verde?

-Tres años. Son solo cuatro horas de avión pero ahora somos cuatro y los billetes son carísimos. Precisamente el otro día se lo decía a mi mujer: «Necesito desintoxicarme de Europa, cargar baterías». Echo de menos el aire puro, estar tranquilo, ir a la playa y no encontrar ni a dios.

-¿No puede ir solo?

-No me veo un mes allí pasándomelo bien solo, quiero ir con mi mujer y mis hijos porque ellos son parte de mí ahora. Enseguida les echo de menos, no los puedo dejar atrás.

-Llegará un día en que sus hijos le dejarán atrás a usted.

-Entonces volveré a Cabo Verde, me buscaré una silla y me quedaré allí sentado, mirando la playa.

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