De todos los recortes sociales hasta ahora aprobados por el Gobierno del PP, el que menos votos le costará será justamente el de cariz más regresivo: la exclusión de los inmigrantes sin papeles de la sanidad pública. Porque ampliar el copago farmacéutico incluyendo en el mismo a los pensionistas, eliminar prestaciones del sistema de salud, alentar la masificación de las aulas o subir las tasas universitarias penaliza, en mayor o menor medida, a todos los españoles, con el consiguiente coste político para el PP. Pero el apartheid sanitario de los extranjeros indocumentados resulta electoralmente inocuo, ya que estos no tienen derecho al voto. Y tampoco cabe descartar que los populares aspiren a obtener algún rédito electoral de esta medida.
Información publicada en la página 84 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 25 de abril de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La línea argumental de este artículo se podría resumir en una frase: «Los extranjeros deben disfrutar de la asistencia médica y la educación sin necesidad de estar empadronados, por el mero hecho de ser seres humanos». Al menos, así opinaba en el 2010 el entonces jefe de la oposición, Mariano Rajoy, el mismo que ahora, ya como presidente, deniega la cobertura sanitaria a unos 500.000 «seres humanos». Todo ello para ahorrar unos 500 millones de euros, según una estimación oficial que no contempla el riesgo de que los extranjeros, a fin de esquivar la proscripción, acaben saturando los servicios de urgencias, la única puerta que se les deja entreabierta.
'Primero, los de casa'
En el 2000, cuando José María Aznar (¡qué paradoja!) otorgó a los simpapeles la asistencia médica plena y gratuita, seguramente velaba menos por sus derechos civiles que por la salud pública española, pues los expertos sostienen que dejar a una minoría marginalizada en la intemperie sanitaria agudiza el riesgo de extensión de enfermedades y epidemias.
Aprovechando que los recursos públicos escasean, la ultraderecha medra en media Europa con el eslogan Primero, los de casa. Haría bien Rajoy en tomar nota de los errores de Nicolas Sarkozy: emular a la bestia solo sirve para alimentarla.