La isla griega de Kastelorizo, pegada a la costa turca, mide nueve kilómetros cuadrados y cuenta con una única carretera, la que va desde su precioso puerto hasta un pequeño aeropuerto que solo está abierto cuando no sopla el viento. Esta pequeña isla de 400 habitantes en el archipiélago del Dodecaneso se hizo famosa 20 años atrás cuando al director italiano Gabriele Salvatores se le ocurrió filmar allí Mediterráneo, premiada con el Oscar a la mejor película extranjera en 1991. El argumento es el siguiente: unos soldados italianos llegan a la isla en plena segunda guerra mundial y son olvidados allí por el mando. Ajenos al conflicto, descubren en Kastelorizo el amor, la buena vida y, en definitiva, un paraíso en el que merece la pena vivir.
Información publicada en la página 309 de la sección de Opinión Verano de la edición impresa del día 25 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Los barcos que trasladan a los turistas hasta la lejana Kastelorizo suelen poner vídeos con fragmentos de Mediterráneo. Es la servidumbre del cine. Pero si uno se entretiene en hurgar en la historia, comprobará que no todo es cine en esta hermosa isla remota.
Emigración a Australia
En 1941, durante la segunda guerra mundial, Kastelorizo fue ocupada durante unos meses por un comando británico; después vendrían italianos y alemanes. En 1944, la explosión de un depósito de combustible, que hizo volar por los aires el arsenal, destrozó casi todas las casas de la isla y provocó la emigración de muchos de sus habitantes a Australia, donde son conocidos popularmente como kassies. Esa es la razón por la que, cuando llega el verano, el lugar se llena de australianos que viajan para visitar sus orígenes. Hay incluso parejas que aprovechan para casarse en la iglesia que está justo delante de la agradable taberna que Gabriele Salvatores convirtió en su cuartel general durante el rodaje de la película.
El pueblo, a pesar de las numerosas transformaciones, sigue conservando un encanto muy griego, muy mediterráneo. La mezquita lleva a pensar en los tiempos de la conquista turca, pero más arriba, dominando la población, están los restos de un castillo que nos remonta a la edad media.
El castillo fue construido en 1309 por los caballeros de la Orden de San Juan, que fijaron su base en la cercana isla de Rodas tras ser expulsados de Acre. Siguiendo la tendencia de la época, en 1440 ocupó Kastelorizo un sultán mameluco que destruyó el castillo, pero una década más tarde la conquistó de nuevo un caballero catalán, Bernat de Vilamarí, almirante de Alfonso I de Nápoles, y la convirtió en la posesión más oriental de la Corona de Aragón en el Mediterráneo. Vilamarí ordenó reconstruir la fortificación y estableció en él una base corsaria para hostigar a los barcos enemigos que pasaban por aquellas costas y se dirigían a los puertos de Anatolia, Siria, Egipto y Palestina.
Conquistas y reconquistas
Según consta en antiguas crónicas, Vilamarí le puso al castillo, y por extensión a la isla, el nombre de Castell Roig, que con los años degeneró en el Kastelorizo actual. Unos años después, en 1564, los otomanos reconquistaron la isla, que fue cambiando de manos varias veces hasta ser lo que es hoy: un territorio griego muy cerca de la costa turca.
Las ruinas del castillo, por cierto, siguen dominando el mar desde las alturas de Kastelorizo, pero ya casi nadie les hace caso. Los turistas prefieren fotografiar la Casa Azul en la que vivía Vasilissa, la guapa prostituta de Mediterráneo.