Es cierto que la fuerza de la tramontana desbocó un incendio que, en otras circunstancias climatológicas, hubiera tenido una repercusión menor. Pero la imposibilidad de controlar la meteorología no debe abandonarnos, especialmente a la Administración, a la idea de que se haga lo que se haga, los fuegos son irremediables o que solo se puede combatir a las llamas cuando están arrasando todo lo que encuentran por el camino. Una vez se logre extinguir el fuego, deberá empezar la reflexión sobre todas las cosas que no se han hecho, desde limpiar el arcén de las carreteras hasta fomentar una agricultura que ocupe los campos desiertos, por ejemplo. Afrontar el postincendio solo con el balance de las compensaciones a las personas o ayuntamientos afectados puede conducirnos a otra devastación. Habrá que oír las propuestas y también las quejas de los colectivos que directamente afrontan estas situaciones y de los que conocen los campos y los bosques que luego arden. Si bien de ellos surgen desde hace tiempo las denuncias de precarización y descuido, también es cierto que las pautas seguidas estos días por la conselleria de Interior reflejan un cuidado extremo por la vida de las personas implicadas en la lucha contra el fuego. Pero más que saber extinguir muy bien -que es necesario-, hay que saber también prevenir y revisar los recursos para evitar estas situaciones límites que empobrecen el país. Y que role solo el viento.
Información publicada en la página 10 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 26 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)