• Lunes 20 mayo 2013, 01:59 h

elPeriódico.com

Joan Roca. Las mejoras recetas de mi madre

Registrarse | Identificarse

Gente corriente <b>gentecorriente@elperiodico.com</b>

La otra cara de Rumanía. Esta estudiante da otra imagen de un país habitualmente asociado al delito.

Adina Mocanu: «Cuando llegué compré un montón de 'chuches'»

Miércoles, 1 de agosto del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Gemma Tramullas Periodista

Hay un café en el barrio de Sant Antoni que le recuerda a su Craiova natal, una ciudad de 300.000 habitantes al suroeste de Rumanía. Es un local «chic», donde la gente se conoce, charla con voz queda y lee con calma la prensa. Qué mejor lugar para hablar sobre identidad y tópicos culturales que un café llamado Taranná.

JAVIER CARBAJAL

Edición Impresa

Edición Impresa

Versión en .PDF

Información publicada en la página 44 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 01 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

-Su país suele ser noticia por los robos, la miseria y la corrupción.

-Lo estoy viviendo como un trauma. Trabajo en un hostal de turistas en Barcelona y mucha gente se queja: «Otra vez me robaron los rumanos» o «los gitanos rumanos han hecho no sé qué». Me siento ofendida cuando dicen que los rumanos roban, pero no puedo defenderme más allá de decir que yo no soy como ellos.

-¿Y qué le dicen cuando se enteran que usted también es rumana?

-«¡Imposible»!, exclaman. Antes yo decía abiertamente que era rumana, pero ahora ya no. Aquí he conocido a estudiantes rumanos que incluso niegan ser de Rumanía y eso me da mucha pena. Si veo a alguien de mi país robando en el metro, me dan ganas de matarlo.

-¿Qué está pasando en Rumanía?

-Es un país muy pobre y aún está luchando con los restos del comunismo. No son solo los gitanos los que roban, también hay un montón de rumanos que no son gitanos y que se sienten empujados a robar. No tienen ningún futuro, no tienen educación, pasan de cualquier moral y eso desata los instintos más primitivos. No hay peor crimen que el de un Gobierno que manda a su pueblo a buscarse la vida fuera.

-No es su caso.

-Yo terminé Filología rumana e inglesa y hace dos años vine a Barcelona a hacer un máster. Era la primera vez que salía de Rumanía. En Craiova veía a un extranjero una vez por semana, hablaba rumano, comía comida rumana y aquí tengo amigos catalanes (pocos pero excepcionales), comparto piso con un brasileño y un alemán y trabajo en un hostal a donde llega gente de todo el mundo. Conocer tanta gente distinta te hace más abierto y tolerante.

-¿Se quedará?

-Mucha gente me dice que no vuelva, pero no es tan fácil. Está bien porque gano un suelo equivalente a un puesto directivo de mí país, pero el dinero no reemplaza lo que tengo en Rumanía: mi familia, mis amigos, la comida, mis cosas... Cuando estás en el extranjero, aprecias más tu país.

-¿Usted qué sabía de Barcelona?

-Poco. No quise leer guías, sino descubrir la ciudad por mí misma. Como no tenía mapa, al principio me perdía muchas veces y eso me obligaba a hablar con la gente. Me encanta alejarme del centro y sentarme en un banco a observar a la gente y escuchar a los viejecitos hablar en catalán.

-¿A dónde manda a los turistas que se alojan en su hostal?

-Cuando me preguntan dónde pueden ver flamenco, comer paella y beber sangría, les digo: «¡Hola! ¡Estáis en Catalunya!» Jamás los mando a la Rambla; no me parece el mejor sitio para descubrir una cultura. Les recomiendo el edificio histórico de la Universitat de Barcelona, con su jardín idílico; pasear por Montjuïc y ver el mar desde allí; subir a la terraza de Las Arenas para ver la ciudad; ir antes al CaixaForum que al museo Picasso y, sobre todo, perderse por las calles y escuchar cómo habla y cómo se comporta la gente.

-Habrá cosas que no le gusten.

-No me gusta el capitalismo. A mí me transformó. Antes apreciaba mucho más las cosas: no tenía mucha ropa y andaba con dos pares de zapatos que me había comprado con todos mis ahorros; en cambio aquí me compro cualquier cosa, voy al restaurante muy seguido y estoy más estresada. No hago las cosas con el mismo placer.

-¿Como qué?

-Pues comer una naranja, por ejemplo. La naranja era mágica para mí. En Rumanía son muy caras y solo las podemos comer en Navidad. Mi hermana y yo soñábamos con litros de zumo de naranja que se nos escurría de la boca. En cambio aquí las puedo comer cuando quiera. ¿Sabe qué fue una de las cosas que más me impactó? La cantidad de tiendas de gominolas que hay en Barcelona. ¡Es el sueño de cualquier niño!

-Se daría un atracón.

-Cuando llegué me compré cinco bolsas de patatas y un montón de chuches. No pude resistirme.

-Deberían pagarle por mejorar la imagen de Rumanía.

-No soy la única y algo tenemos que hacer. Somos parte de la Unión Europea y tenemos que construirnos una imagen mejor.

Votos:
+0 votar a favor
-0 votar en contra
Compartir: delicious digg technorati yahoo meneame facebook buzz
Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto

Escribe tu comentario:

AVISO: El comentario no puede exceder de 500 caracteres

PARA PARTICIPAR DEBE SER USUARIO REGISTRADO. (Registrarse | Iniciar Sesion)

Lo +

Lo más
Mostrar grupo Lo más visto
Ocultar grupo Lo más comentado
Mostrar grupo Lo más valorado
Mostrar grupo Lo más enviado