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Ha sufrido por su condición de gay y musulmán. Hoy hace pública la primera asociación que agrupa a este colectivo.

Abdel Jhalil ZamZam: «Me rechazan los musulmanes y me rechazan los gais»

Viernes, 26 de octubre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Mauricio Bernal Periodista

-El musulmán gay solo tiene dos opciones: o negar su sexualidad y afectividad y encerrarse en el más profundo de los armarios, para vivir su fe sin ser rechazado por su comunidad religiosa, o abandonar su religión y su fe y renunciar a su comunidad para vivir su homosexualidad sin sentirse ni culpable ni oprimido.

ALFREDO CASAS

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Información publicada en la página 80 de la sección de Contraportada de la edición impresa del día 26 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

-La doble discriminación.

-Exacto. Sé por experiencia propia que es imposible combinar en la misma oración lo gay y lo musulmán.

Abdel Jhalil ZamZam nació Hernán ZamZam hace 37 años en Córdoba, Argentina. «De procedencia siria por parte de padre». Forma parte del amplio grupo de argentinos que a finales de los 90 vinieron a Barcelona en pos de oportunidades y que se acabaron quedando, en su caso gracias a sucesivos empleos en el sector de la hostelería, y ahora, por su trabajo como fotógrafo. «BBC, ya sabe: bodas, bautizos y comuniones». ZamZam («es mi apellido transformado en nombre; así me conoce todo el mundo») es gay, y desde mayo del 2007 es oficialmente musulmán. Y esa combinación es problemática.

-Así que lo rechazan los unos y los otros. Es eso, ¿no?

-Exactamente. Los musulmanes no me aceptan por gay y algunos gais no me aceptan por musulmán. Si quiere le explico cómo llegué aquí.

-Por favor.

-Un día, en julio del 2007, fui con varios hermanos musulmanes al pantano de Boadella, donde básicamente estuve a punto de morir ahogado. Me tiré al estanque, perdí el rumbo, la orientación, se me durmieron las piernas… Pedía ayuda a gritos y no me oían, o no me entendían… En fin. Al final me rescataron, pero yo ese día pensé que si salía de allí iba a dejar de mentir, iba a decir la verdad.

-Sobre su homosexualidad.

-Exacto.

-¿Qué hizo?

-Leer. Fue una época de mucha lectura, de aprender sobre la relación del islam y de otras religiones con la homosexualidad. Luego sentí la necesidad de buscar a otras personas en la misma situación, y a través de internet me puse en contacto con otros musulmanes gais. Era… Era la simple necesidad humana de sentarme con un igual a la mesa, ¿me entiende? El hecho es que me di cuenta de que hay muchos, muchos musulmanes gais, aquí y en todo el mundo, y entonces nació la idea de A.M.HO.

-A.M.HO. Asociación de Musulmanes Homosexuales.

-Exacto. Me puse a trabajar y lo arreglé todo para presentar la asociación el 25 de mayo del 2008, justo un año después de mi shahada, mi profesión de fe. Estaba todo listo, pero ese día me llamaron de Argentina para decirme que mi hermano de 27 años había fallecido. En un accidente.

-Qué horror. Lo siento.

-Todo se paró y empezaron dos años caóticos para mí. En el 2010 reanudamos el trabajo, y ahora creemos que ya es hora de darnos a conocer.

-¿Por qué ahora?

-Por varias razones. Porque sé que hay muchos musulmanes gais que se van a acercar a nosotros. Porque queremos aprender de los que están en la misma situación. Y porque visibilidad es seguridad, claro. No queremos conflictos, pero sabemos que esto no va a gustar nada en la cúpula islámica, que va a levantar ampollas.

-Debe ser la primera asociación de este tipo en España, ¿no?

-Y me atrevo a decir que en todo el mundo de habla hispana.

-Hábleme del rechazo que ha sufrido. Entre los musulmanes.

-Hay una mezquita de Barcelona en la que simplemente no me dejan entrar, en la que han dejado de considerarme musulmán. Y en las otras se ríen a mis espaldas, se burlan, hay comentarios obscenos. Esas cosas.

-¿Y de parte de los gais?

-Sí. Me llamó mucho la atención que muchos amigos míos, personas que conocía desde que teníamos 14 o 15 años, de Argentina, con los que había venido a España, a lucharla, en cuanto vieron la religión que profesaba dejaron de hablarme. «La religión que atropella a los homosexuales», me decían. No lo entendían. Perdí muchos amigos.

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