El Periódico

Pequeño observatorio

Josep Maria Espinàs

Josep Maria Espinàs

Periodista y escritor

Pastel de la Sagrada Família

@jmespinas

Martes, 26 de octubre del 2010

No sé quién tuvo la idea de ofrecer al Papa, cuando esté en Barcelona, una tarta del tipo de la mona de Pascua. En cualquier caso, dicen que es una iniciativa nacida en el arzobispado, que la ha traspasado al gremio de pasteleros. La mona tiene que estar inspirada, naturalmente, en la Sagrada Família. Mira por dónde, y que se me permita la broma, algunos detractores de la construcción del templo no iban muy equivocados cuando decían, despectivamente, que la Sagrada Família sería una mona de Pascua. Yo no sé, naturalmente, qué modelo de mona se elegirá, si será por adjudicación directa a un pastelero o un encargo colectivo con la responsabilidad de todo el gremio. Pero, en mi opinión, modestísima y desinteresada, se tendría que impedir que la mona fuera una Sagrada Família en miniatura.

No puedo imaginarme una reproducción de la Sagrada Família de un palmo. El resultado sería patéticamente feo. Una de las características identitarias de este famoso templo es la grandiosidad de las dimensiones globales y la altura de las torres. Ya tenemos la experiencia de la torre Eiffel -me refiero al souvenir-, reproducida en diversas medidas y diversos precios, que ha perdido la finura aérea del original. O el caso del impresionante Coliseo de Roma, convertido en un lamentable cenicero.

Ningún monumento es comprimible sin que produzca angustia. Por ejemplo, sería absurda una torre de Pisa corta como un dedo. O imaginemos el monumento de Colón convertido en una vela. La Sagrada Família de las tiendas de recuerdos puede parecer un cactus, por lo que reducir la escala de un monumento es una traición.

Además, en arquitectura, el material de la construcción es decisivo, sobre todo en la fachada. En el caso de la Sagrada Família, sería bastante grotesco que la piedra fuese sustituida por la consistencia de la pasta de brioche. Porque el templo convertido en pastel debe ser comestible, claro. Por otro lado, no sé si es serio que un Papa tenga que morder, aunque sea simbólicamente, uno trocito de una iglesia.

Pero, seguramente, mis escrúpulos sean ridículos. Espero que se apruebe un sencillo pastel que represente un pequeño fragmento de cerámica del templo. Y será oportuno que la materia del pastel tenga alguna referencia religiosa: cabello de ángel, crema de san José... La forma puede ser cualquiera. Menos la de un brazo de gitano: se asemeja demasiado a un túnel.