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La rueda

A propósito de la huelga de hoy

Miércoles, 29 de septiembre del 2010 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
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Joaquim Coll Historiador

Ya de buena mañana empezará la guerra de cifras y declaraciones sobre la repercusión de la huelga, y la valoración sobre su carácter general o no centrará los primeros análisis. Los sindicatos se juegan mucho, en realidad más que el propio Gobierno. Esta es la mayor paradoja de hoy. Una huelga general siempre son palabras mayores y quien se plantea el reto de paralizar el país asume un riesgo mayúsculo. Las dificultades objetivas para que tal convocatoria consiga un seguimiento masivo no se le escapan a nadie. De alguna forma, hoy convivirán tres actitudes. La opción de justificar unas reformas que, aunque dolorosas, pueden ser juzgadas como necesarias. La disposición de muchos a resignarse ante ellas sin entrar en grandes valoraciones. Y, finalmente, la posición de rechazarlas del todo ya que se ven como un grave recorte de derechos sociales. Con todo, para muchos la mayor crítica a Zapatero no es tanto lo que está haciendo ahora como aquello que no hizo antes, particularmente en política fiscal, cuando la economía crecía y hubiera podido hacer lo que ahora tímidamente se anuncia: aumentar los impuestos a las rentas altas para sostener el gasto social.

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Información publicada en la página 5 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 29 de septiembre de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)

Que España necesita una potente agenda reformista me parece incuestionable. Y que es imposible hacerlo sin algunos recortes, también. La diferencia radica en que reformar va más allá de la simple merma de derechos. Porque reformar significa repensar, transformar. Un ejemplo de ello sería la modificación del calendario laboral en lo relativo a los días festivos. Puede parecer un tema menor, pero no lo es. El carácter casi inhábil del mes de diciembre debido a la acumulación de fiestas, algunas inevitables pero otras no, es un despropósito que merma nuestra productividad. Como también es un error que sigamos sometiendo el calendario escolar a la celebración de la Semana Santa, cuyo vaivén destroza el sentido de la anunciada semana blanca. El gobernante que se atreva a afrontar una reforma de este tipo primero será maltratado, sobre todo por las autoridades católicas y sus medios, pero al final recibirá el tímido agradecimiento de la mayoría.

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