Emma Riverola
Periodista
Entre el delta del Ebro y el delta del Níger hay unos 4.000 kilómetros de distancia, determinantes diferencias políticas y sociales y un triste punto en común: el petróleo derramado. Aquí se acaban las similitudes. En nuestras costas, igual que en las del golfo de México donde la plataforma de BP sigue arrojando veneno, las voces de denuncia de las negligencias truenan en el aire y son recogidas por los medios y la justicia. Por el contrario, en los rincones pobres del planeta las protestas son acalladas, cuando no violentamente eliminadas.
Información publicada en la página 11 de la sección de Opinión de la edición impresa del día 12 de julio de 2010 VER ARCHIVO (.PDF)
En 1958, la compañía Shell inició las prospecciones en el delta del Níger. Desde entonces se ha vertido en sus costas el equivalente a un Exxon Valdez (40 millones de litros) cada año. Además, el gas natural que se desprende de la extracción del petróleo quema al aire libre contaminando las cosechas, la pesca y a una población que agoniza en una espiral de miseria, terror y desesperación. Una condena a muerte con la rúbrica del Gobierno cómplice y a beneficio de las compañías explotadoras y los países consumidores.
En todo el mundo, la osadía y la avaricia de las petroleras van en aumento. La prioridad es extraer más y más rápido. A medida que se agotan los yacimientos, las prospecciones se realizan en capas más profundas. La seguridad pasa a un dramático segundo plano y las leyes de protección del medioambiente parecen no atañer a esas grandes corporaciones transnacionales. La connivencia de las autoridades va en proporción a su grado democrático: desde la corrupción a la incomprensible condescendencia.
En las prospecciones petroleras de Repsol frente al delta del Ebro, el Ministerio de Medio Ambiente no consideró necesario que la compañía realizara una evaluación de impacto ambiental. La Generalitat tampoco la exigió. El resultado se saldó con dos vertidos de crudo e importantes bolsas de petróleo a pocas millas del delta. El desastre podría haber sido descomunal.
Pero aunque en España existen yacimientos de hidrocarburos, su producción es ínfima. Nuestro bienestar energético depende de las importaciones. De hecho, uno de nuestros principales proveedores de gas natural y petróleo es Nigeria. Bien pensado, el delta del Níger y el delta del Ebro no están tan lejos.