La rueda

'El camino de la corrupción', por Antón Losada

Miércoles, 12 de agosto - 00:00h.

Cuando los partidos descubren que son del todo compatibles con la corrupción que nace, crece, se reproduce y casi nunca muere, suelen recorrer un largo y tortuoso camino hasta acabar actuando como deberían haberlo hecho desde el principio. Le pasó al PSOE en los años 90 y le pasa ahora al PP. La primera etapa comprende la exaltación de la amistad en todas sus formas conocidas. Imputados y acusados reciben constantes homenajes y actos de desagravio, mientras sus compañeros de militancia se lanzan a la carrera a ver quién firma la declaración de apoyo más contundente o el retrato más elogioso. Pero las investigaciones van dando fruto y la suma creciente de evidencias acaba por volver contraproducente tanta camaradería.

Entran así en la segunda etapa: la paranoia. Todo es mentira y forma parte de una conspiración en la que los demás son los culpables. Los populares transitan ahora por este peligroso mundo de la teoría de la conspiración. Cospedal se cree víctima de un Estado policial, en lugar de atribuir sus delirios más bien a los efectos de una insolación o al tinto de verano. La operación Espada es un abuso sin precedentes por el cual deben rendir cuentas todos menos los responsables de doblar el coste de un velódromo inservible.

Pero la justicia no se detiene y los juicios se celebran. Conforme empiezan a dictarse las primeras condenas, el partido se adentra en la tercera etapa del camino: la negación. Si han visto al condenado, no se acuerdan. Es un caso aislado, un pequeño o gran chorizo que nunca fue tan importante en la organización como parecía. Se abre entonces la veda para ver quién le dedica el calificativo más demoledor al otrora amigo para siempre. La acumulación de condenas y, sobre todo, el doloroso descubrimiento de que no afrontar o dejar impunes los casos de corrupción acaba teniendo un alto coste electoral en el momento más inoportuno conducen al partido a la cuarta etapa y fin del camino: el arrepentimiento, los actos de contrición y la petición de disculpas públicas. Pero ya es demasiado tarde para que realmente le importe a alguien.