El Periódico

Domingo, 3 de mayo del 2009

Es el tiempo del pavor y la incertidumbre. El miedo se llama gripe (nueva, porcina, americana, mexicana o con sabor barbacoa), asteroide Apofis (en el 2036 podría colisionar con la Tierra), calentamiento global, armas nucleares, sequía, hambruna, desaparición de los combustibles fósiles, una redundancia porque el petróleo, negro y viscoso, está hecho de seres extinguidos.

El terror se llama crisis. Económica o moral, corona de espinas en nuestras cabezas desorientadas, enfangando las conversaciones. Durante la guerra fría, ya tirando a templada, tuvimos pánico del holocausto atómico, el temor a que algún majara americano o soviético apretara el botón. Ahí sigue Terminator y sus episodios de grasa y acero --a punto de ser estrenada la cuarta parte-- recordándonos que el futuro será una chatarrería.

Y, de repente, entre toses y mariachis, llegan los traseros de Letizia y Bruni para advertirnos de que todos tenemos culo, algunos incluso dos. Gran pasatiempo para olvidarnos de la mascarilla, que favorece a los más feos. La mascarilla será tendencia en las pasarelas: apúntatelo, David Delfín.

La otra noticia dicharachera de la semana ha pasado desapercibida, pero es tan suculenta como la exaltación del nalgatorio. La web universitaria patatabrava.com publica una clasificación de las mejores bravas o bravísimas --que es grito de ópera-- de Catalunya. A la cabeza del ranking, el mítico tubérculo del bar Tomàs, seguido por otros chiringos barceloneses: Mandri, Ski y La Esquinica. En el quinto lugar, Kö- ning, de Girona.

Si tenemos que morir, que sea frente a unas bravas, inflamadas y crujientes. No, no estaba escribiendo sobre culos.

Una vez terminado el partido, Neymar tuvo un detalle de crack con un seguidor del Sporting

Si la cara es el espejo del alma, a Cristiano Ronaldo le sentó a cuerno quemado ser sustituido por Lucas Vázquez