Zac Efron continúa su transformación de ídolo juvenil a actor serio con At any price, la primera de las películas presentadas ayer a competición en la Mostra. Se trata de un melodrama rural claramente inspirado en la Muerte de un viajante de Arthur Miller, en el que el norteamericano de origen iraní Ramin Bahrani adopta una escala íntima y modesta para hablar del coste del sueño americano, los peligros de la competitividad exacerbada, los sacrificios mutuos que hacen padres e hijos y cuanto el hombre está dispuesto a hacer para sobrevivir. Y, pese a que se muestra algo torpe tanto en el manejo de las metáforas como haciendo que sus personajes verbalicen innecesariamente todos sus sentimientos, en última instancia logra orquestar un relato conmovedor y de provocativa ambigüedad moral.
Información publicada en la página 48 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 01 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Pero si hablamos de provocar, o mejor dicho de intentarlo, no hay forma más efectiva de hacerlo que emparentando al director austriaco Ulrich Seidl con el asunto del fanatismo religioso. Paradise: Faith, segunda entrega de su trilogía acerca de tres mujeres en busca de su paraíso particular, es algo más ligera que su predecesora, Paradise: Love -presentada en Cannes hace solo unos meses-, aunque incluya, entre otras animaladas, una escena en la que su protagonista se masturba con un crucifijo. Seidl ni por un instante trata de meditar de forma inteligente sobre el fundamentalismo religioso, solo de mofarse de él de forma a menudo grotesca, cruel y aberrante. Quizá sea por eso que, en lugar de provocar, su película resulta solo puntualmente graciosa pero, sobre todo, muy aburrida.