La Capilla Sixtina podría cerrarse al torrente de turistas que la visitan a diario y establecer la entrada de un número determinado de personas al día para preservar el ingente patrimonio artístico que alberga, según declara el director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci, hoy en 'La Repubblica'. "Si no se interviene de inmediato con la instalación de un nuevo sistema de climatización habrá que rebajar el número de visitas para no dañar el patrimonio", apunta.
Las actuales afirmaciones se contradicen con las vertidas por el propio Paolucci con anterioridad, pero la conmemoración de los 500 años de los frescos pintados por Miguel Ángel en la bóveda de la capilla ha animado la polémica. El director de los Museos Vaticanos negaba el pasado septiembre, en el L' Osservatore Romano", la posible entrada controlada de público:"Estamos en la época del turismo de los grandes números, millones de personas quieren gozar de la cultura histórica; es un fenómeno del que somos perfectamente conscientes y debe de ser afrontado, pero un número cerrado es impensable".
Ahora, Paolucci señala como preocupantes elementos como el polvo, la presión entrópica, el anhídrido carbónico, y los cambios climáticos que cada visitante trae consigo y minan el microclima de la Capilla Sixtina. La solución podría ser, según dice, la instalación, a primeros de año, de un sistema que quite las partículas de polvo, cambie constantemente el aire y establezca la temperatura.