Se ha convertido ya en una certeza con comprobación empírica: el espectador no le da la espalda al teatro en los tiempos de crisis. Así lo confirman, por ejemplo, las cifras de asistencia en los espacios escénicos barceloneses durante el año 2011, en el que se produjo un incremento de espectadores de un 8%. Cierto es que el público no abandona las plateas, pero sobre todo las de un determinado tipo de oferta: la de los géneros de evasión. Es decir, musicales y comedias para olvidar las penas, aunque sea rascándose el bolsillo. A nadie se le escapa que el musical, por coste de producción, es el de mayor precio en las entradas.
Información publicada en la página 5 de la sección de Tema del día de la edición impresa del día 18 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Junto a musicales de tanta envergadura como Los miserables, Chicago o Grease, la cartelera teatral barcelonesa ha recuperado, en esta temporada 2011-12, grandes comedias de recorrido y prestigio como El sopar dels idiotes, Pel davant i pel darrera, El apagón o Políticament incorrecte. No es descabellado tampoco aventurar que el auge del monólogo, ligado al humor, también obedece a ese aumento de una oferta más evasiva, que busca la complicidad del público a través de la risa. Una muestra: el Terrat Pack, de Buenafuente y cía, y Carlos Latre actúan estos días en el Tivoli y el Coliseum. Todos estos espectáculos se mueven en el campo de los productores privados.
Es en el ámbito de los espacios públicos y de las salas alternativas donde la crisis sí se deja ver en las programaciones. Coinciden ahora tres montajes que apelan a esta época de tijeretazos e incertidumbre. En el Teatre Nacional de Catalunya, Carme Portaceli ha llevado Els baixos fons, de Gorki, a los pasillos del metro donde malviven los indigentes de hoy. En la Sala Gran, El mercader de Venecia, de Rafel Duran, la actualización apunta a los responsables de la crisis con su traslado a Wall Street. Por último, Lluís Pasqual ha metido el dedo en la llaga en el Lliure. Ha estrenado una pieza de Peter Handke -Quitt, els irresponsables són en vies d'extinció- sobre la locura del capitalismo. Pero la tendencia escénica está clara: mucha coña y poco drama. Que ya hay bastante en la calle.