• Viernes 24 mayo 2013, 01:31 h

elPeriódico.com

Estopa

Registrarse | Identificarse

Encuentros en la tercera fase. Jeanne Moreau (2)

La protagonista de 'Jules et Jim' hizo pasar al autor uno de los peores momentos de su carrera periodística. Así lo recuerda 25 años después.

Una gran dama muy estricta

Martes, 31 de julio del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
por RAMÓN DE ESPAÑA

En los treinta y tantos años que llevo practicando el noble oficio del periodismo (bueno, en realidad no es gran cosa, pero mucho peor habría sido tener que trabajar) nadie me ha tratado nunca tan mal como Jeanne Moreau. Sí, amigos, ostento el dudoso privilegio de haber sido humillado y ofendido por la protagonista de Jules et Jim y Le journal d'une femme de chambre. Y lo peor es que, a día de hoy, tras haber entrevistado a cientos de seres humanos que me proporcionaron momentos agradabilísimos, sigo sin entender muy bien por qué.

MIRTA ARIGORIA

Edición Impresa

Edición Impresa

Versión en .PDF

Información publicada en la página 304 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 31 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

La extraña operación de castigo tuvo lugar a finales de 1980 en Barcelona, donde la diva rodaba una coproducción franco-española titulada Huida al sur (La desbandada) a las órdenes de Luc Béraud (nuestro José Luis López Vázquez, por cierto, interpretaba el papel de rector de la universidad). La revista Dezine, una de las más absurdas de la ya de por sí absurda movida madrileña, me pidió que la entrevistara. Y yo me las prometía muy felices por el (supuesto) vínculo que me unía a la señora Moreau: resulta que una amiga parisina tenía una tía escritora -Henriette Jelinek, de la que tuve el placer de traducir Ann Lee salvará tu alma para Star Books- que era íntima amiga de la diva. Con esas insuperables credenciales, me presenté ante ella durante la fiesta de presentación a la prensa del inminente rodaje. Madame Moreau estuvo encantadora conmigo, accedió a la entrevista y me sugirió que cenáramos juntos; en horario francés, exigió, y con su muy sensual voz de cazalla, añadió: «Recójame en mi hotel a las ocho». Huelga decir que abandoné la fiesta hinchado cual pavo real y mirando a mis colegas por encima del hombro.

Pero las cosas no tardaron en torcerse. Recibí una llamada de la productora informándome de que la señora Moreau había cambiado de idea, no tenía la menor intención de cenar conmigo («¡Yo invito!», estuve a punto de gritar) y me convocaba en un barco amarrado en el puerto, que era donde estaban rodando esos días. Algo mosca, me fui para allá y, tras esperar un buen rato, la Gran Dama de la escena francesa me concedió unos minutos de su precioso tiempo, después de mirarme de arriba abajo como si no supiera si yo existía o es que le había sentado mal el almuerzo.

Nada quedaba en ella absolutamente nada de la encantadora señora de la fiesta: lo que tenía delante era una arpía cruel y desagradable que despachaba todas mis preguntas con monosílabos, miradas despectivas, mohines de hastío y ruidillos típicos del que ya no puede más con la situación en la que se encuentra.

Creo que lo más largo que me dijo fue: «Haga el favor de no preguntarme semejante estupidez». En un momento dado, pasó por ahí Patrick Dewaere -que moriría un par de años después, yo creo que por el trato que le dispensó la señora Moreau- y le dijo algo así como: «Qué bien te lo pasas mientras los demás trabajamos». A lo que ella, siempre adorable, repuso: «Te aseguro que preferiría estar en tu lugar».

¿Enfadada?

Cuando vi que me había comido las 20 preguntas que traía preparadas tan solo en 10 minutos, le dije a la grandama: «Tengo la impresión de que no está usted de muy buen humor. La noto... No sé... ¿Enfadada?». Y entonces ella clavó en mí su profunda mirada y sentenció: «¿Enfadada? No, usted no me ha visto enfadada. Y créame, no se lo aconsejo». Me rendí. Le di la mano (que ella estrechó con cierto asco) y salí corriendo de allí.

Para más inri, unos días después me crucé con una colega que también la había entrevistado y que me dijo que habían pasado juntas un rato formidable. Al parecer, la señora Moreau no había parado de hablar y de mostrarse encantadora durante más de dos horas.

¿Sufriría la gran Jeanne Moreau un trastorno bipolar y a mí me había tocado uno de sus días malos? No creo que tuviese la regla, pues ya acumulaba bastantes añitos. En cualquier caso, siempre la recordaré como el mayor fracaso de mi discutible carrera periodística. José Luis de Vilallonga lamentaba no haberse ido a la cama con ella. ¡Yo no logré ni entrevistarla!

Y MAÑANA: 3. El director de cine David Lynch.


Votos:
+0 votar a favor
-0 votar en contra
Compartir: delicious digg technorati yahoo meneame facebook buzz
Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto

Escribe tu comentario:

AVISO: El comentario no puede exceder de 500 caracteres

PARA PARTICIPAR DEBE SER USUARIO REGISTRADO. (Registrarse | Iniciar Sesion)

Ocio y Cultura

Lo +

Lo más
Mostrar grupo Lo más visto
Ocultar grupo Lo más comentado
Mostrar grupo Lo más valorado
Mostrar grupo Lo más enviado

De concierto con Estopa

Estopa actuará en exclusiva para los lectores de EL PERIÓDICO en la sala Luz de Gas de Barcelona el 18 de junio a las 21 horas. Vota tu canción preferida y entra en el sorteo de 75 entradas dobles para asistir al concierto de los hermanos de Cornellà. Las canciones más votadas serán las que interpretará el grupo en el acústico. Puedes participar hasta el 10 de junio.