Dame Kiri Te Kanawa impuso el dominio de su carismática personalidad, la noche del miércoles, en el Festival de Cap Roig. La soprano, de 68 años, exhibió una suprema elegancia respaldada por su aristocrática y serena belleza y paseó su leyenda con un recital, administrado en pequeñas dosis, en el que dejó gotas de la esencia del arte que la hizo célebre. Una cómplice Orquestra Simfònica del Vallès (OSV), bien dirigida por el músico británico y estrecho colaborador en los proyectos de la diva, Julian Reynolds, respaldó a la cantante en el reto de llevar a buen puerto un programa adaptado a sus actuales posibilidades vocales. La intérprete acabó siendo muy aplaudida por el numeroso público que se dio cita en el auditorio del jardín botánico de Calella de Palafrugell.
Información publicada en la página 328 de la sección de Espectáculos de la edición impresa del día 03 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La velada invitaba quizás más al glamur que a la lírica. Kanawa, consciente de ello, no defraudó a quienes esperaban de su presencia esa sofisticada puesta en escena que le ha acompañado en su exitosa carrera. Su aparición, con un conjunto compuesto por un largo abrigo blanco de verano y un vestido con adornos del mismo color, impactó al personal. La OSV ya había ofrecido la obertura de The sea hawk de Korngold cuando ella salió al escenario. La artista saludó a los asistentes expresando su felicidad por actuar en una noche tan maravillosa, después de haber cantado en Londres en un día ventoso durante los actos del Jubileo de Diamantes de la reina Isabel II. Su actuación, al tratarse de un espacio al aire libre y como ya es habitual en las galas lírica del festival, contó con la ayuda de una no siempre bien ajustada amplificación.
ESTUPENDO FIATO / Marietta's lied de citado Korngold fue una carta de presentación que le sirvió para calentar motores. La primera prueba de su actual estado vocal llegó con dos piezas de Mozart: un aria de concierto, Vado, ma dove? Oh, Dei y Ach ich fühl's de La flauta mágicaque le pillaron todavía fría. Superado el trámite se enfrentó, con mejores resultados, a Puccini con In quelle trine morbide de Manon Lescaut y a una aclamada In bel di de Madama Butterfly.
En estas piezas la cantante exhibió un estupendo fiato y una buena afinación. Fueron notable algunos agudos, pero no tanto el descenso a los graves. Pero Kiri Te Kanawa, que sabe administrar muy bien sus indudables recursos técnicos, no se complica la vida y opta más por la sobriedad que por el efectismo. Le falta, claro, el brillo de antaño, pero su saber estar le permite hacer aun sostenibles sus cada vez más ocasionales actuaciones.
'EL AMOR BRUJO' / En la segunda parte volvió a sorprender al lucir una combinación en rutilante rojo de vestido y capa. Después de una buena recreación de El amor brujo de Falla a cargo de la OSV, despachó con solvencia tres canciones de aire folclórico del francés Canteloube. Dos bien ejecutadas piezas orquestales de Massenet, con especial brillo del concertino en Meditación de Thais, y Bernstein precedieron a su incursión en Gershwin. Summertime y By Strauss cobraron renovada vida con su limpia dicción. Canción al árbol del olvido de Ginastera y la siempre infalible O mio babbino caro de Puccini llegaron con las propinas, rematadas con una ovacionada canción maorí muy bien interpretada a capella. Un buen final para una estimulante noche estival.